Sábado 28.11.2020 - 16:08

Los tres pecados originales de los EU

Indignación y transformación
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Todas las naciones cargan un fardo de pecados. México, para no ir más lejos, tiene los suyos. La Conquista fue un hecho atroz que dejó una estela de destrucción y muerte. Todavía al día de hoy, seguimos padeciendo por esa devastación en la que participaron no sólo los españoles peninsulares, sino los nacidos en estas tierras. Sin embargo, no se vivía en un edén antes de la Conquista. Aquí también se cometieron pecados terribles que siguen pesando en nuestro inconsciente colectivo. El más espantoso es el de los sacrificios humanos, sobre todo, tal como lo cometió el pueblo mexica. Tan grande fue esa ofensa contra la vida humana, que se pensó que la Conquista había sido un castigo divino por esa transgresión.

Cada nación debe estar consciente de sus pecados históricos para poder redimirse en el presente. Un país que pretenda ignorarlos, obviarlos, meterlos debajo del tapete, es un colectivo que quedará atrapado en el turbio remolino de su pasado.

Los EU cargan a cuestas tres pecados originales —en el sentido de ser parte constitutiva de su formación como nación— que no pueden olvidarse. Quiero decir: que no los deben olvidar los propios estadounidenses, si quieren construir una mejor nación, y que no debemos olvidar quienes hemos padecido por ellos, porque, de otra manera, no podremos construir una relación sana entre los estadounidenses y nosotros.

"El presidente Donald Trump ha dicho que quiere que su país vuelva a ser grande. No sé qué quiere decir con esa frase rocambolesca. Pero cualquiera que sea su significado, no debería ser una justificación para que esa nación siga cometiendo los mismos pecados de su historia"

El primer pecado original de los EU es la esclavitud. Los millones de afroamericanos que viven hoy en ese país son el testimonio vivo de un crimen miserable cometido por los fundadores de los EU. Una vez que se abolió la esclavitud, en 1863, no acabó el sistema de opresión socioeconómica de las personas de raza negra. Y no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX que, merced a la labor de lideres extraordinarios, como Martin Luther King, se derogaron las leyes racistas que le daban un marco institucional y jurídico a la discriminación racial.

El segundo pecado original de los EU es el genocidio de los pueblos indígenas que habitaron en lo que hoy en día es el territorio continental de ese país. Millones de hombres, mujeres y niños fueron sistemáticamente eliminados por los habitantes blancos durante décadas. A quienes no pudieron matar, los expulsaron de sus tierras. En 1830, el gobierno de los EU exilió al oeste del río Mississippi a los pueblos indígenas que vivían en el sureste de los EU. Después de décadas de hostilidades, los pocos sobrevivientes fueron recluidos en las llamadas reservaciones indias. No se olvide que Adolf Hitler fue un admirador de las campañas de apropiación territorial y limpieza racial de los estadounidenses. Esa fue la inspiración de su plan de ocupar las mesetas del oriente europeo. A los habitantes originarios se les haría esclavos, se les ingresaría en campos de concentración o sencillamente se les eliminaría.

"No se olvide que Adolf Hitler fue un admirador de las campañas de apropiación territorial y limpieza racial de los estadounidenses. Esa fue la inspiración de su plan de ocupar las mesetas del oriente europeo".

El tercer pecado original de los EU es el cometido contra México y los mexicanos para apropiarse de su territorio, someterlos y reducirlos a una condición de explotación. La guerra entre los EU y México (1846-1848) es una de las más injustas y más rapaces de la historia reciente. Los mexicanos que vivían en los territorios arrebatados —desde el Golfo de México hasta el océano Pacífico— fueron víctimas de toda suerte de despojos, persecuciones y humillaciones. Lo siguen siendo después de tanto tiempo. Su resistencia es un ejemplo de fidelidad a sus raíces, su cultura y su religión. Y no sólo ellos padecen. Los ciudadanos mexicanos que han vuelto de manera pacífica a los territorios que alguna vez fueron de sus antepasados —el Valle del Río Bravo, Nuevo México, Arizona, la Alta California— sufren todos los días del hostigamiento de individuos y autoridades.

El reciente asesinato colectivo cometido en El Paso, Texas, es una advertencia de lo que puede pasar si los estadounidenses no enfrentan las culpas de su pasado con arrepentimiento genuino y deseo de expiación.

El presidente Donald Trump ha dicho que quiere que su país vuelva a ser grande. No sé qué quiere decir con esa frase rocambolesca. Pero cualquiera que sea su significado, no debería ser una justificación para que esa nación siga cometiendo los mismos pecados de su historia.

[caption id="attachment_979875" align="alignnone" width="696"] En las inmediaciones del centro comercial de El Paso, donde ocurrió el tiroteo, se colocó un altar en honor a las 22 víctimas y 26 heridos. Foto: AP[/caption]