Luis Manuel Otero Alcántara y la represión cultural en Cuba

APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

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El artista visual cubano Luis Manuel Otero Alcántara lleva una semana preso en Cuba. Preso sin la observación mínima de las normas del debido proceso. Esas normas, como sabemos, no se observan por principio en un sistema político como el cubano. Pero en los últimos años ha habido un intento de aproximación al Estado de derecho cuya mejor evidencia son los seis artículos comprendidos entre el 94° y el 100° de la Constitución de 2019, dedicados al derecho al habeas corpus y el habeas data.

A la luz de esas leyes, el encarcelamiento de Otero Alcántara, como los tan frecuentes arrestos preventivos o temporales que se producen en la isla, sería inconstitucional. El motivo del arresto, al parecer, fue evitar que el artista participara en una besada pública frente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el pasado domingo, en protesta por la censura de una escena con un beso gay, en la película Love, Simon, trasmitida por la televisión oficial.

“Una vez en la cárcel, a Otero Alcántara se le dijo que sería sometido a un “juicio sumario abreviado” por los delitos de “ultraje a los símbolos patrios” y “daño a la propiedad”. La abogada cubana Laritza Diversent, directora del proyecto independiente Cubalex, asegura que la detención de Otero Alcántara no sólo viola la reciente Constitución sino, también, varios artículos del Código Penal”

Una vez en la cárcel, a Otero Alcántara se le dijo que sería sometido a un “juicio sumario abreviado” por los delitos de “ultraje a los símbolos patrios” y “daño a la propiedad”. La abogada cubana Laritza Diversent, directora del proyecto independiente Cubalex, asegura que la detención de Otero Alcántara no sólo viola la reciente Constitución sino, también, varios artículos del Código Penal. Otros actos represivos previos contra Otero Alcántara, como la prohibición de salir de su casa después de las 12 de la noche, no existen, según Diversent, en esa legislación penal.

Este tipo de procedimiento irregular es frecuentísimo en la aplicación de las leyes en Cuba, especialmente, cuando éstas proceden en contra de los opositores. Sin embargo, el caso de Otero Alcántara se diferencia de la mayoría de los otros porque los supuestos delitos que se le imputan fueron ocasionados por acciones artísticas. Un antecedente de esa represión cultural fue el encarcelamiento por seis meses de Ángel Delgado, tras una acción en el marco de la exposición “El objeto esculturado”, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de La Habana, en 1990, titulada “La esperanza es lo último que se pierde”, que consistió en defecar sobre una portada del periódico Granma.

Otro antecedente, más cerca en el tiempo, fue la serie de arrestos y la suspensión del permiso de salida de la isla que sufrió la artista Tania Bruguera entre fines de 2014 y principios de 2015, luego de que le impidieran realizar el performance El susurro de Tatlin #6 en la Plaza de la Revolución de La Habana. Aquel performance consistía en la instalación de un podio con un micrófono, que sería utilizado durante un minuto por oradores espontáneos.

“El encarcelamiento de Otero Alcántara, como los tan frecuentes arrestos preventivos o temporales que se producen en la isla, sería inconstitucional. El motivo del arresto, al parecer, fue evitar que el artista participara en una besada pública frente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el pasado domingo, en protesta por la censura de una escena con un beso gay, en la película Love, Simon, trasmitida por la televisión oficial”

Otero Alcántara pertenece a una nueva generación de artistas visuales de la isla que, como Delgado o Bruguera, practica el arte del performance como un mecanismo de presión sobre leyes cubanas, que ejercen un control desmedido sobre la esfera pública. Una de sus obras más conocidas fue una encarnación pública del personaje de Julio Antonio Mella, el joven líder comunista cubano asesinado en México en 1929, en protesta contra la remoción de un busto del héroe que se encontraba en la antigua Manzana de Gómez, convertida recientemente en el exclusivo centro comercial del hotel Kempinski.

Cuando se viste con la bandera cubana o se pone un casco de constructor, en protesta contra las víctimas de los frecuentes derrumbes de La Habana Vieja, Otero Alcántara cuestiona artísticamente las leyes autoritarias que subsisten en Cuba. Esa presión, desde el arte, transgrede las fronteras artificiales entre cultura y política en la isla y desatan una respuesta represiva que expone la intolerancia del poder. Tanto los arrestos como el eventual procesamiento penal de Otero Alcántara se basan en una negación de su condición de artista o, lo que es lo mismo, en una criminalización del arte político en Cuba.

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