Meditaciones mexicanas sobre la propiedad de lo perdido

Indignación y transformación
Por:
  • guillermoh-columnista

1.- Una mujer y un niño pasean por la calzada de un barrio elegante. El niño detiene su paso. Ha visto un hermoso reloj sobre la acera. La madre también se detiene. “¿Qué pasa? ¿Por qué no avanzas?”. El niño toma aire y le dice: “mamá, mira, hay un reloj tirado en el piso.” La madre ve el reloj y voltea hacia todos lados. No hay moros en la costa. “¿Qué hago mamá, lo recojo?”. La madre no lo piensa y le responde: “sí, hijo, tómalo y guárdalo muy bien en tu bolsillo”. El niño, feliz, lo toma y se lo lleva a su casa

2.- “¡Mamá, mamá, se acaba de voltear un camión aquí nomás, después de la curva!”. La madre deja de realizar sus labores domésticas. Los muchachos, jadeantes, siguen hablando. “El camión llevaba vacas y ahora andan sueltas a un lado de la carretera. Vinimos por unas reatas para jalarlas a la casa”. La madre sonríe con orgullo al ver el entusiasmo de sus hijos. Antes de que los muchachos se vayan. los llama y les dice: “no va a estar fácil traer las vacas hasta aquí; mejor, llévense unos cuchillos, las matan allá mismo y las destazan, como les enseñó a hacerlo su tío”. Los hijos obedecen y se llevan los filosos instrumentos. Van muy contentos.

3.- Se ha corrido la voz por todo el pueblo. Un ducto de gasolina está picado y el líquido brota como si fuera una fuente. “¡Vieja, vieja, se está escurriendo la gasolina! Voy con mi hijo a recoger lo que podamos”. La mujer mira con orgullo a su marido y a su pequeño, ya listos para ir al sitio de la fuga de combustible. “No se vayan todavía”, les dice. La madre ha recordado que tiene una pequeña cubeta detrás del lavadero. La trae y se la da a su hijo. El niño está encantado. Antes de cruzar la puerta, la buena mujer les dice: “¡Váyanse con cuidado!”.

En Dos tratados sobre el gobierno civil, John Locke reflexionó sobre el origen de la propiedad privada. Un fruto que cuelga de una rama a la mitad del bosque no es propiedad de nadie en lo particular. Cualquiera tiene derecho a tomarlo. Sin embargo, sostiene Locke, cuando algo ha sido modificado por alguien, por medio de su esfuerzo, o adquirido con recursos que proceden de su trabajo, ya no está en el estado de naturaleza: es propiedad de alguien.

De acuerdo con la moral mexicana, cuando algo se pierde, se suelta o se escurre deja de ser propiedad de su dueño original. Eso justifica que cualquiera tenga el derecho de apropiarse del reloj perdido, de las vacas sueltas o de la gasolina escurrida. Para decirlo en los términos de Locke, el reloj, las vacas y la gasolina han vuelto al estado de naturaleza.