Los afromexicanos ¿extranjeros en su país?

GENTE COMO UNO

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¿Qué pueden tener en común un mole de guajolote con ajonjolí y José María Morelos y Pavón? Que ambos son afromexicanos.

Así lo constata la Asociación Civil México Negro, que enumera otros ingredientes y preparaciones típicas de nuestro país, que llegaron junto con la Conquista en enormes navíos cargados de mujeres negras y mulatas, que en las cocinas de la Nueva España fusionaron su sazón y sus sabores con los ingredientes locales para crear una cocina que hoy es nuestro orgullo en todo el mundo.

Morelos por su parte —pieza fundamental para la independencia de México— allanó el camino para lograr que la condición de esclavos se acabara, finalmente con el decreto expedido en 1829 por Vicente Guerrero, quien por cierto, también tenía raíces negras, por lo que fue nuestro primer presidente afromexicano.

Del tema platiqué esta semana con la senadora Susana Harp —cantante con enorme trayectoria— quien trabaja desde hace muchos años en favor de la visibilización e inclusión de la comunidad afrodescendiente.

Su esfuerzo fue clave para que el año pasado se aprobara la reforma constitucional que establece el reconocimiento de personas, pueblos y comunidades afrodescendientes en México… 190 años después del fin de su opresión.

“Yo escribí mi primera canción sobre este tema hace 14 años, y está incluida en el disco Fandangos de Ebano”, me dijo orgullosa la legisladora, al tiempo que hacía memoria de las ciudades importantes que en nuestro país fueron fundadas por cimarrones: Córdova, Veracruz y León, Guanajuato.

Casualmente días antes también platiqué del tema con Eufrosina Cruz, titular de la Secretaría de los Pueblos Indígenas y Afroamexicanos de Oaxaca, quien me aseguró: “somos la entidad con la mayor cantidad de población afrodescendiente en México”; y me llamó la atención porque de eso también suele presumir el estado de Guerrero.

Lo cierto es que los afromexicanos no son pocos, se encuentran principalmente en Guerrero y Oaxaca, pero tienen presencia en otros estados de la república como el Estado de México, Coahuila, Jalisco y la Ciudad de México.

En la Encuesta Intercensal 2015, el 1.2% de los entrevistados se consideró afrodescendiente, lo que representa 1.4 millones de ciudadanos que no habían sido contados.

Afromexicanas preparan comida tradicional en un festival realizado en Cuajinicuilapa, Guerrero, en 2015. Foto: Cuartoscuro

Pero aquí están, son una mexicana o mexicano más y el drama es que la mayoría vive en condiciones de gran de-
sigualdad y discriminación, producto de una falta de dignificación.

De acuerdo al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la tasa de embarazo adolescente en nuestro país es mayor entre la comunidad afromexicana, con 67.5 nacimientos por cada mil mujeres de entre 15 y 19 años.

Una de cada 6 personas de esa comunidad es analfabeta y el rezago educativo en las personas mayores de 15 años se ubica en 56%, mientras que el promedio nacional es de 35.1%.

El porcentaje de personas afrodescendientes que gana más de tres salarios mínimos en México es sólo el 15%, mientras que el porcentaje nacional es del doble y 8 de cada 10 acudía al Seguro Popular —hoy extinto— ante la falta de seguridad social del IMSS o ISSSTE.

Para la mayoría en la comunidad afrodescendiente, su negritud es un orgullo arraigado que va de generación en generación, junto con las costumbres y tradiciones con las que viven, se comunican y sobreviven al rezago social e institucional.

En México el color de la piel es el principal motivo de discriminación laboral (83% de los casos), de ahí la importancia de la nueva campaña coordinada por el Conapred, para visibilizar a las personas afromexicanas en el Censo 2020 que realizará el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Se ha lanzado una importante convocatoria para que los miembros de la comunidad afro participen y se autoadscriban, no sólo para reconocerse a sí mismos, sino para tener el lugar que les corresponde como ciudadanos con todos los derechos y obligaciones.

Radios comunitarias, organizaciones, iniciativa privada, dependencias como INMUJERES o el INAH están involucradas en esta campaña que va con fuerza a defender la agenda de la no discriminación; porque lo que no se nombra, no existe y los afromexicanos deben y merecen ser nombrados.

Su música, su comida, sus creencias específicas no son un asunto de color sino de identidad, de nuestra cultura, y nuestra herencia afrodescendiente, con la que tenemos una deuda histórica que pagar, lejos de la sombra y el olvido.

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