¿Gentrificación de mercados públicos?

Pueblos sin presupuesto
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La gentrificación es una adaptación al español del término inglés gentrification, con el que se alude al proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor.

La gentrificación es un fenómeno urbano en el que observamos zonas o colonias deterioradas que reciben una fuerte inversión inmobiliaria que las transforma en mejores polígonos, con aumento del valor de los inmuebles y los servicios, ocasionando que los antiguos habitantes migren a colonias menos costosas; esto último es lo que debe evitarse. En la Ciudad de México un ejemplo típico es la zona conocida como las Granadas, en donde ahora la mercadotecnia de venta de departamentos  las ubica como el Nuevo Polanco.

Otra lectura de la gentrificación es que es un proceso de transformación que vive un barrio deteriorado o en declive y que, poco a poco, va mejorando su nivel de vida.

En los últimos días se ha alertado sobre  una tendencia de  gentrificación en mercados públicos de la ciudad.

La CDMX cuenta con 329 mercados públicos, el marco regulatorio data de 1951, el Reglamento de Mercados fue expedido para una ciudad que contaba con 3 millones de personas, ahora somos el triple. Las necesidades de abasto, logística, el tipo de productos y la competencia entre los distintos oferentes han cambiado.

Los 80 mil 636 locales (un alto porcentaje vacíos) de los mercados públicos son espacios subsidiados, que no pagan luz ni agua, con cada vez menos personas que acuden a ellos. Compiten con tianguis y supermercados en precio, calidad y oportunidad de los productos. Las instalaciones están deterioradas y claman urgentemente inversión pública.

Se alerta sobre la intención de transformar los mercados públicos ubicados en colonias de clases medias, que mercados en San Ángel, la Del Valle y el Centro Histórico son sujetos de una intervención que altera su sentido.

No comparto lo anterior; la historia de la humanidad demuestra que el comercio nació en la calle y después se instaló en inmuebles; son las necesidades las que imponen el tipo de comercio y abasto que buscamos. Actualmente los mercados públicos lucen abandonados y están perdiendo la batalla por atraer y retener al consumidor. Necesitan transformarse. La resistencia al cambio sólo los pondrá en el camino de la obsolescencia y después serán reliquias sin feligresía.

Los mercados públicos deben responder a la demanda de su colonia, barrio, pueblo o unidades habitacionales donde estén ubicados.

Es preocupante que mercados como el de las Granadas, en Miguel Hidalgo, no respondan a las expectativas de los que viven, trabajan o turistean por esas zonas.

Especializar mercados públicos, por ejemplo, en alimentos para turistas u oficinistas, generará más ingresos al locatario y más tránsito de personas en los pasillos del mercado, lo que aumentará sus ventas.

Démosle al consumidor lo que demanda, para que ganen los locatarios.