Miércoles 21.10.2020 - 13:48

La bancada morenista

Pueblos sin presupuesto
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La bancada morenista en el Congreso de la ciudad no cuenta con coordinador(a). El 15 de diciembre del año pasado, el diputado Ricardo Ruiz renunció a la coordinación acusando de indisciplina y malos manejos a sus correligionarios.

El señalamiento del renunciante coordinador toca la línea de flotación del discurso nacional de Morena: la honestidad. Ricardo Ruiz al acusar malos manejos está denunciando una falta de probidad, de integridad de los diputados que coordina.

Su renuncia debió acompañarse de denuncias administrativas y en instancias partidistas, y si fuera el caso, de las correspondientes penales, pero sólo quedó en el reproche político recogido en los medios de comunicación.

Si la vocación sincera —no electoral— es la limpieza de la vida pública; el combate a la corrupción, a la falta de probidad, debería ser en todo momento y ante cualquier circunstancia y persona. Hasta ahora, Morena sólo acusa la deshonestidad del pasado y de los que no pertenecen a sus filas, los únicos procesados son sus enemigos políticos.

Otro punto que motivó al coordinador renunciante fue la indisciplina de sus compañeros. La   disciplina da cohesión a los grupos parlamentarios, facilita la negociación con otras bancadas y permite avanzar en la agenda del Congreso; es en sede doctrinal, el ejercicio del buen gobierno en las asambleas políticas.

La indisciplina aflora en fracciones provenientes de partidos políticos con escasa vida institucional. La indisciplina morenista es hija de un partido en donde la identidad es con el caudillo, no con la norma, valores y causas; es heredera de la cultura tribal que asfixió al PRD, —principal cantera del morenismo—, que antepuso el grupo hecho corriente, sobre la institución.

La indisciplina parlamentaria fue una constante en los grupos parlamentarios del PRD desde 1989 al 2018. Ahora la reproduce su escisión, Morena. Un hecho sólo para la memoria, en marzo de 2004, tras la renuncia de René Bejarano, la bancada perredista tuvo varios coordinadores que resultaron de la discrepancia entre corrientes. No fue la única legislatura con ese problema.

Volviendo a la bandera de la integridad, uno de los diputados que pretende sustituir a Ricardo Ruiz, es José Luis Rodríguez, quien ha sido impugnado por 19 diputados (16 de Morena, ¡2 del PT y 1 del PES!) por ser el “artífice de acciones que involucran coacción a través de prebendas económicas y cargos”. En otras palabras, da lana y chamba fuera de la dieta y apoyos previstos en la norma. En esto, Morena es fiel heredera del gen priista de “convencer” con cargo al erario público. Aquí hay una transgresión a la ética parlamentaria que debió ser investigada por la Contraloría y por el partido en que milita el aspirante.

Otro de los aspirantes, Rigoberto Salgado, durante su gestión como jefe delegacional en Tláhuac, fue acusado de favorecer con contrataciones a familiares de un narcotraficante.

Los ayatolas de la limpieza  deberían dar ejemplo con una coordinación limpia.