La denostación del pasado

La globalización infectada
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La crítica al Gobierno de AMLO se ha centrado generalmente en evidenciar las medidas populistas o demagógicas impulsadas por el Presidente y el aparente desinterés por problemas serios que afectan la realidad de México. Por un lado, el Presidente no se ha cansado de hablar del avión presidencial y su rifa, o de la apertura de Los Pinos al público, del nuevo Aeropuerto en Santa Lucía, o de la economía moral y el combate a la corrupción por medio de su ejemplo. Por el otro, es esquivo al dar repuestas asertivas a problemas graves, como los feminicidios, la violencia, el crecimiento económico y la salud.

En algo tiene razón AMLO al hablar de las administraciones pasadas. El mediocre crecimiento económico alcanzado fue a costa del Estado de derecho y la desigualdad del país. México, que siempre ha sido un país violento, ha vivido los peores años en su historia moderna. Los cerros se llenaron de casas, las esquinas de halcones, las habitaciones de asesinos y las cuentas en Suiza de pesos. Es una situación fomentada por un esquema legal que parece imposible de cumplir y por legalidades paralelas que permiten realizar lo que sea, mientras no afecte un interés puntual de quienes detentan el poder.

Es este escenario de impunidad el que hizo posible que se pudiera comprar un avión en 127 millones de dólares y modificarlo para que alcanzara más de 200 mdd, sin que nadie dijera nada; es este sistema el que permitió que algo necesario como el Aeropuerto en Texcoco se contaminara con contrataciones sospechosas; son las concesiones, privatizaciones en fast track y las malas políticas de distribución de la riqueza las que inclinan a la 4T a confiarle la economía a la moral y no a la racionalidad.

Sin embargo, es una mentira que México estuviera mejor en 1970 que en 2018; la confianza en los técnicos de la economía, el derecho y la ciencia política profesionalizaron al Gobierno y a las empresas, lo que llevó al país a ser un importante exportador de diversos bienes y a mejorar las condiciones generales de la población. Ése no es el problema, el problema es que, con el esfuerzo, los estudios y la implementación de políticas públicas basadas en evidencias no se erradicó el statu quo que les permitía a los de siempre seguir ganando como siempre. Para lograrlo hay que diseñar un sistema legal con castigos realistas y efectivos.

Como muchos han acertado, el diagnóstico y la denuncia del Presidente es la correcta. Pocas personas tienen el contexto histórico y la claridad empírica por haber visitado todo el país. A diferencia del Presidente, creo que lograr los cambios para tener una sociedad más justa e igualitaria depende de un compromiso moral imbatible; pero también de una calidad técnica que permita hacer los cambios legales y económicos que el país necesita y que le otorguen solidez.