Parásitos: libertad e igualdad

La globalización infectada
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Parásitos (2019), la película del cineasta sudcoreano Bong Joon-ho, explora la relación violenta y codependiente entre clases sociales. Es una película relevante. Las políticas llamadas neoliberales de finales del siglo XX adoptadas en una buena parte del mundo, como en Corea del Sur o en México, promovieron un desarrollo generalizado, mejoraron las condiciones de vida y redujeron la pobreza extrema.

Sin embargo, poco importó en esta pugna ideológica por la libertad el que todos fueran iguales y produjo la acumulación de riqueza y beneficios sociales en pocos. La película retrata los efectos de este periodo: resentimiento y agravio a la dignidad, conceptos retomados por Francis Fukuyama en su libro Identity (2018).

La historia se desarrolla en Corea del Sur, uno de los tigres asiáticos, países que simbolizan el alto crecimiento económico y la industrialización. Para la familia Park, adinerada, los pobres “huelen mal”, pero toleran el olor a costa de sus servicios. Para la familia de Ki-taek, pobre, los ricos, aunque idiotas, son buena gente y su fuente de ingresos. Ambas familias intercambian servicios por sueldos y honorarios. Sin embargo, existe una fricción. La familia Park es dueña del tiempo, las responsabilidades y palabras, la sexualidad y los olores de la otra familia. Mientras que la familia de Ki-taek se infiltra en una familia mediante engaños, vive de su dinero, duerme en su casa, bebe de su alcohol y se involucra sentimentalmente con sus hijos.

Ambas familias se utilizan, son parásitos de la otra. Pero hay una diferencia notable entre los dos abusos. Mientras que la familia Ki-taek abusa de la relación de servicio que mantiene con la familia Park, la familia Park utiliza a cada miembro de la familia para cubrir todas sus necesidades domésticas haciendo notar en todo momento que no son iguales. Lo que se observa es un orgullo de la familia Park porque es rica porque pudo y una continua denostación de la pobreza como si fuese un atributo físico, químico, intelectual, emocional y sexual. Hay un atentado continuo a su dignidad, una forma casi inconsciente de despreciar todo lo relacionado con su lugar de origen, una negación de su personalidad y su vida.

El resentimiento y la demanda de existir para el otro, escribe Fukuyama en Identity, es el sentimiento retomado por los llamados populistas para anunciar el final del orden neoliberal, advertir el fracaso de la democracia o condenar la corrección política. Tan generalizado es el sentimiento en las sociedades contemporáneas, que los regímenes populistas oscilan entre izquierdas, derechas, autoritarismos y democracias, pro-libre mercado o nacionalistas.

Si bien el gran desastre de finales del siglo XX y las primeras décadas del XXI ha sido el sacrificio de la igualdad por la defensa a ultranza de la libertad; el gran reto de este siglo es procurar el desarrollo sostenido de la sociedad sin sacrificar la dignidad humana, ni dejar a nadie atrás.