Poco crecimiento: la búsqueda de culpables

Apoyo a la economía no es suficiente
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El Inegi nos dio a conocer las cifras del Indicador Global de la Actividad Económica de abril (IGAE, proxi mensual del PIB). Desafortunadamente, la estadística confirmó la desaceleración productiva.  La dinámica productiva ya adquiere un tono preocupante. A pesar del repunte manufacturero, la pérdida de ímpetu de la minería, construcción y servicios conllevan al menor crecimiento de la economía nacional.

Con lo hasta ahora visto, las tendencias de la producción apuntan a un escenario de crecimiento económico muy moderado para este año, ya que difícilmente la economía mexicana logrará un incremento del 1.0%. Incluso, para el año siguiente, es muy probable que sólo se alcance un avance económico del 1.5%.

Este pesimismo contrasta un poco con los datos de abril, pues a pesar de que en ese mes el IGAE mostró un incremento moderado (0.3% con respecto al mismo mes del año anterior), siguió presente la tendencia de menor crecimiento apuntalada desde finales del año pasado.

En este sentido, el repunte de la industria en abril (creció 1.5% respecto a marzo), debido al mejor desempeño de la producción manufacturera, no luce tan bien dadas las caídas muy acentuadas en minería y la construcción. Asimismo, los servicios, que representan casi una tercera parte de la producción nacional, acentuaron su desaceleración en abril.

La pregunta obligada es ¿por qué la economía mexicana se está desacelerando? Debe considerarse en principio que la pérdida de dinamismo de la economía mexicana viene desde el cuarto trimestre del año pasado, es decir, no es un proceso nuevo, ya llevamos más de medio año con él, sólo que ahora es más que evidente.

Las fuentes de la desaceleración productiva se ubican ya desde finales del año pasado, en dos frentes, tanto en la menor demanda externa como interna. Cifras recientes indican que tanto las exportaciones como la inversión vienen perdiendo fuerza desde finales del año pasado.

La demanda por nuestras exportaciones manufactureras (85% de las exportaciones totales) hacia Estados Unidos se ha venido reduciendo, a la vez que, como ya en reiteradas ocasiones hemos mencionado en este espacio, la caída en inversión pública y privada es el principal lastre al crecimiento. Sólo el consumo de las familias se mantiene como impulsor del avance económico.

En consecuencia, la desaceleración productiva es un proceso económico relativamente viejo, que no se ha enfrentado con prontitud, e incluso, con la necesaria eficiencia. La promoción de mayor inversión privada, la reactivación del gasto público –cuyo rezago ha sido otro lastre al crecimiento- y, muy posiblemente, la actuación del Banxico en torno a una política monetaria más relajada, podrían ser los impulsores al crecimiento económico en los próximos meses.

Crecer poco significa una generación insuficiente de empleos formales y, por tanto, mayor informalidad y desempleo, insuficiencia de recursos tributarios para el sector público y, la consiguiente amenaza de recortes al gasto, menores incentivos a la ya de por si deteriorada inversión productiva. Es decir, el pobre crecimiento implica el riesgo de caer en un círculo vicioso que será doloroso y difícil de romper en un futuro próximo.