¿Por qué la aprobación de AMLO no deja de crecer?

AMLO a 100 días: la aprobación, la forma y el fondo
Por:
  • rodrigo lopez

Decían en campaña que su proyección de voto estaba topada entre 30 y 35 por ciento... ganó con 53 por ciento. Que la cancelación del aeropuerto, durante la transición, empezaría a generar ciudadanos “arrepentidos” de su voto… llegó al poder con aprobación de entre 60 y 70 por ciento, según las encuestas.

Que el desabasto de combustible, al afectar la vida cotidiana de millones de personas, sí impactaría en su imagen… 76 por ciento de respaldo, a la mitad de la coyuntura (El Financiero, 14 de enero).

Que la tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo, sería el fin de la tendencia positiva para él, porque evidenciaba que los errores en la estrategia del gobierno costaban vidas humanas… 88 por ciento de aprobación (GCE, 22 de enero).

¿Cómo explicar que un personaje con nivel de conocimiento cercano al 100 por ciento y exposición nacional por 18 años siga cambiando la opinión de la gente en su favor, incluso ahora desde la incómoda posición de ser Gobierno?

AMLO ha sido siempre un personaje que polariza. Es difícil encontrar matices tanto en sus críticos como en sus seguidores. Pero su comunicación siempre ha sido consistente. A todos los problemas del país, siempre les atribuyó una misma causa: el “PRIAN”, los neoliberales, los conservadores, la Mafia del Poder. Un ente que aglutina a todos sus adversarios.

Así, fue abriéndose paso durante años con los ciudadanos desencantados con el gobierno. Día a día, coyuntura tras coyuntura, oponiéndose sistemáticamente a todo lo que venía de sus adversarios, López Obrador construyó ante los desencantados, la falta de legitimidad de la hoy oposición.

¿Pero por qué la misma polarización de hace 18 años ahora parece que sólo engrosa un lado de la balanza?

Porque la realidad, o al menos la percepción de ella, lo alcanzó.

Para 2018, el presidente Enrique Peña Nieto tenía la aprobación más baja en el registro histórico, arrastrando con él al PRI, PAN y PRD, identificados como el establishment gracias a la consistencia comunicacional de AMLO.

Por eso, en 2018, estos partidos dejaron de ser una opción viable para millones de mexicanos y se distanciaron incluso de quienes solían respaldarlos, rompiendo así las proyecciones estadísticas de muchos.

Ahora, desde el Gobierno, la estrategia no ha cambiado. Ante cada crisis o coyuntura, hay una vacuna: los neoliberales son los responsables de haber generado cualquier problema que hoy enfrenta la nueva administración. Así se deslegitima cualquier ataque de la oposición. Ése es el blindaje con el que su respaldo se sostiene.

Para cambiarlo, los partidos de oposición deben entender las limitaciones actuales de su posicionamiento y legitimidad; y aceptar que no será uno de los suyos, en el corto plazo al menos, quién descarrile al Presidente.

El camino de la oposición hacia el reposicionamiento está en presentarse como un vehículo ciudadano. Rebasar a AMLO por la izquierda. Generar foros y espacios para dar protagonismo a organizaciones ciudadanas o personajes independientes con buena reputación, que sí puedan contrastar legítimamente (en la percepción ciudadana) con el Gobierno. Sólo así empezarán a equilibrar la balanza.