Miércoles 2.12.2020 - 14:57

Primer informe: la derrota le sale muy barata a AMLO

¿A qué juega Enrique Alfaro?
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El próximo primero de septiembre, Andrés Manuel López Obrador presentará su primer informe de gobierno. El primero formal, aunque será al menos el tercero que haga después de los presentados en los 100 días de su administración y a un año de su triunfo electoral.

López Obrador y su Cuarta Transformación llegan a este momento con un balance de claroscursos. Si tuviera que dividirse de manera simple, podríamos decir que gana en las formas, pero hasta hoy, pierde en el fondo. Aunque esta derrota le está saliendo demasiado barata.

Porque mientras la mayoría de los indicadores económicos y de seguridad, principales problemas del país, son negativos, AMLO presume –literalmente– que acabó con el Estado Mayor Presidencial, los sueldos exorbitantes y los seguros médicos privados para funcionarios, o que trabaja desde muy temprano junto con su equipo de seguridad (aunque los resultados aún no lleguen).

Vale la pena decir que estos “logros” no son cosa menor. Muchos de los 30 millones de votos que lo llevaron a la presidencia tan contundentemente, fueron resultado del hartazgo de los mexicanos con los excesos, la lejanía y la percepción generalizada de corrupción sobre la clase gobernante.

Pero el fondo es mucho más complejo. Y AMLO lo sabe. Por eso ha administrado a lo largo de los meses los cambios en las formas. Y ha aprovechado el vacío en la oposición para que eso le baste para sostener una muy sólida aprobación ciudadana.

Pero el propio AMLO parece estar entendiendo que las puras formas, tarde o temprano, serán insuficientes. Apenas la semana pasada aceptó que el recurso de responsabilizar a las anteriores administraciones se está agotando. Qué ya fue suficiente tiempo para el diagnóstico, y que la paciencia de la gente empieza a acabarse.

Es aquí donde la oposición debe incidir mucho más estratégicamente en el debate para acelerar este proceso, haciendo los problemas de fondo tangibles, los cambios de forma menos relevantes y responsabilizando a este gobierno de los problemas de la vida cotidiana de la gente.

Porque vivimos en un país donde el 2.5% de crecimiento anual, hoy añorado, significó muy poco para el ciudadano común. Y donde la violencia está tan normalizada, que es difícil que la sola acumulación de estadísticas ponga en aprietos a López Obrador.

Primero, la oposición debe reconectar con los ciudadanos. Presentar causas y banderas más allá de lo coyuntural y lo reactivo que puedan hacer sentir a los ciudadanos representados o al menos identificados.

Pero más importante, deben entender dónde está la sensibilidad de la gente. Para ello, las protestas de los últimos días contra los recortes en el sector salud por parte de padres de niños con cáncer deberían marcar la pauta.

El problema no es la austeridad, ni el sector (abstracto) que sufre el recorte, sino las personas y familias que ven su vida real afectada por ellos. El problema no son las grandes obras con muy polémico sustento técnico, el problema es que el dinero gastado en ellas está dejando de invertirse en las escuelas, las carreteras o los parques que reclaman los mexicanos todos los días.

Cuando logren comunicar que el cambio de formas no mejora la vida real de las personas, y que los grandes proyectos y la austeridad generalizada se llevan los recursos que podrían ir a las escuelas, clínicas u hospitales que sí visita la gente, la percepción ciudadana del gobierno, y más importante, la exigencia de resultados, será otra.