Antes del coronavirus

Ecuador: el Estado en jaque
Por:
  • rafaelr-columnista

La pandemia se instala tan velozmente en el centro de la vida pública global que muchos de los conflictos de hace dos meses o de fines del año pasado parecen disiparse. Se trata, sin embargo, de una ilusión: los grandes problemas latinoamericanos de los últimos años (protestas juveniles contra el neoliberalismo, movilización de mujeres contra los feminicidios y la violencia de género, elecciones en Bolivia, proceso constituyente en Chile, persistencia autoritaria en Venezuela y Nicaragua…) siguen ahí.

El reordenamiento de prioridades que produce el Covid-19 favorece a algunos de los gobiernos más cuestionados en la región. Para Nicolás Maduro y Daniel Ortega, pero también para Sebastián Piñera e Iván Duque, puede ser un alivio que esta emergencia sanitaria imponga su lógica. La pandemia cambia radicalmente el escenario y genera un efecto artificial de borrón y cuenta nueva.

Pero los grandes desafíos de la región no sólo no desaparecen sino que se superponen al nuevo escenario. Muchas de las tensiones provocadas por el estilo racista y aislacionista de Jair Bolsonaro se han visto evidenciadas y potenciadas por el rechazo de los gobernadores brasileños a suscribir el negacionismo y la irresponsabilidad con que el presidente está enfrentando el coronavirus. La polarización que vive Brasil desde el último año del gobierno de Dilma Rousseff, y que Bolsonaro atizó para llegar al poder, se vuelve ahora contra el propio mandatario.

En México, el segundo país más poblado de América Latina, las asignaturas pendientes del ya no tan nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador siguen ahí: corrupción, desigualdad, violencia, inseguridad, narcotráfico, feminicidios. Comentaba recientemente Eduardo Guerrero que en enero de este año se habían producido 2,056 ejecuciones, un poco más que las 1,983 de febrero. Pero advertía que esas cifras no indicaban una disminución, ya que el último febrero bisiesto contó con 29 días. La violencia sigue en aumento en México, a razón de 68 ejecuciones al día.

En Bolivia, la presidenta interina Jeanine Áñez, que se autopostuló como candidata a las próximas elecciones presidenciales, en las que figura como favorito el candidato del MAS, Luis Arce, saca ventajas de la crisis sanitaria. Además de decretar un rígido estado de emergencia, con apoyo del ejército, la presidenta ha pospuesto las elecciones hasta septiembre. Lo mismo ha sucedido en Chile, donde se posterga el plebiscito constitucional previsto para el 26 de abril.

Esas posposiciones no son moratorias de conflictos. Las fricciones siguen ahí y la pugna de los movimientos sociales, la sociedad civil y los partidos opositores se desplaza, en buena medida, al manejo de la lucha contra el coronavirus por parte de cada gobierno. Lo vemos con claridad en Brasil, pero también en México, donde, a diferencia de Argentina y Uruguay, los gobiernos no llaman a la oposición a integrar un frente común contra la pandemia.