Lunes 1.06.2020 - 09:41

Bernie Sanders y la cuadratura del antitrumpismo

Ecuador: el Estado en jaque
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Vencer a Donald Trump, que resume el racismo, la xenofobia, el machismo, la homofobia, la grosería, la frivolidad y la estulticia del sector más reaccionario de Estados Unidos, no es imposible. Para ello hace falta un candidato o, mejor, una candidata que atraiga a votantes jóvenes, mujeres, hispanos, asiáticos, afrodescendientes y bien educados de ese gran país. Pero no sólo eso, también es necesario que la rival o el rival se gane la simpatía de amplias franjas de clase media, rurales y urbanas, del centro del país, que aseguren la mayoría en colegios electorales de estados decisivos.

¿Es Bernie Sanders ese candidato? Probablemente no. Las elecciones primarias del Partido Demócrata están centralmente marcadas por el antitrumpismo. Lo que buscan las bases de ese partido es a la figura que mejor personifique la negación de los nefastos atributos del presidente. No a la que pueda derrotarlo con mayor facilidad sino a la que represente su antípoda en el espectro político de Estados Unidos. Y eso, mucho más que Joe Biden, es Bernie Sanders, un socialista de Vermont, de la misma generación de Trump, pero partidario de políticas diametralmente opuestas: distribución equitativa del ingreso, cobertura universal de educación y salud, combate al cambio climático y el calentamiento global, reforma electoral.

El fenómeno Sanders es la negación del dogma de que en Estados Unidos es antinatural la socialdemocracia. Un dogma mucho más viejo que el macarthysmo o la Guerra Fría —desde 1906 Werner Sombart intentó teorizar por qué el socialismo era inconcebible en Estados Unidos—, pero tremendamente reforzado tras el triunfalismo que siguió a la Segunda Guerra Mundial. En un momento en que se hace añicos otro triunfalismo, el neoliberal que sucedió a la caída del Muro de Berlín, el socialismo estadounidense, que siempre ha existido —Eugene Debs, Mother Jones, Bayard Ruskin…—, se recupera en varias voces de la mayor visibilidad.

La pregunta es si ese socialismo, con Sanders a la cabeza, puede hegemonizar el Partido Demócrata y liberar la maquinaria electoral de esta institución. Si eso llegara a suceder, tal vez Sanders no alcance a ganarle a Trump —un político que, por cierto, no rebasa nunca el 45% de popularidad—, pero desataría un cambio profundo en el llamado “liberalismo” de Estados Unidos. Una candidatura de Sanders podría ser más importante y decisiva para las elecciones de 2024 que para las de 2020.

El socialismo de Sanders y algunas declaraciones suyas en las que reitera su rechazo al “autoritarismo” cubano, aunque valora positivamente las políticas sociales de la Revolución de 1959, ha desatado la histeria de la derecha trumpista. Una derecha incapaz de distinguir conceptualmente entre una revolución y un régimen ni entre la socialdemocracia y el comunismo. Qué esperar de una derecha que acusaba a Barack Obama de comunista y nunca comprendió su viaje a La Habana en 2016.