Remar en contra

Pueblos sin presupuesto
Por:
  • Obdulio-Avila

Hace dos años escribí en esta columna, que el miércoles 4 de enero de 2017, la CDMX vivió su primer caso de psicosis colectiva alentada desde las redes sociales, y los chats en los dispositivos móviles. Las calles se vieron inundadas por grupos de personas causando tropelías a personas y negocios. Mientras desde el celular, nos bombardeaban con información errónea.

Lo que se vivió  en la ciudad, fue la sensación de  pánico de que al salir a la calle, una turba nos atacaría. Establecimientos cerrados, reportes de encapuchados marchando en la vía pública, comerciantes armados con lo que tenían a la mano, para enfrentar a los que querían robar o vandalizar.

La tarde-noche de ese 4 de enero, las calles de la urbe estaban vacías. Lo que había ocurrido es que un grupo de vulgares delincuentes decidieron hacer su “agosto” aprovechando la oposición a los aumentos en los precios de los servicios básicos. La tardanza del gobierno en reaccionar, fue clave para que desde las teclas de los dispositivos móviles,  se disparara la psicosis.

En la reciente jornada electoral, la ciudad hizo catarsis votando ampliamente por MORENA, que fue el gran receptor del enojo social.

El 21 de diciembre de 2018, algunos ductos de PEMEX que abastecían de combustible a diversos estados, fueron cerrados; el gobierno federal señaló que la medida es una estrategia para combatir su robo. Esa decisión ha ocasionado escasez de gasolina en diez entidades federativas de la República.

Una encuesta telefónica de De las Heras Demotecnia, levantada  el 11 de enero de este año, indicaba que el 50% de la población había sido afectada o conocía alguien que lo había sido, por el desabasto de gasolina.

La semana del 7 al 13 de este mes, la crisis de desabasto alcanzó y ha marcado la vida cotidiana de los capitalinos. Largas filas brotan de cualquier gasolinería; automovilistas y peatones esperan con paciencia o enojo que les surtan los 20 litros dictados como tope máximo.

Este fin de semana, hubo menos gente en las calles, en los parques, en las plazas comerciales; el espacio público tuvo  menos ocupantes, los automóviles se guardaron para ahorrar gasolina y sus dueños fueron hacer la fila durante 3 a 5 horas para abastecerse; si es que tenían suerte y no les avisaban al llegar su turno, que el combustible se había acabado. De la psicosis a las caras largas.

Mientras la inseguridad pública sigue siendo el  principal reto de la ciudad, la policía tiene encomendada una nueva tarea: vigilar cada estación de gasolina en donde se formen capitalinos tratando de abastecerse. Las víctimas custodiadas, los delincuentes libres.

Los gobernadores de Chihuahua, Guanajuato y Jalisco han alzado la voz para exigir una solución al robo de gasolina que no afecte a la población. Mientras tanto, la Jefa de Gobierno rema en Cuemanco, y los vecinos deben remar contra las consecuencias del desabasto.