Salvini: política sin humanidad

Trump contra la ciencia
Por:

El primer ministro italiano, Matteo Salvini, es famoso por representar con mano dura a la ultraderecha xenófoba italiana. Lamentablemente, su actitud beligerante, intransigente e indolente hacia los barcos llenos de náufragos rescatados del Mediterráneo, en su intento de escapar de la violencia que viven en sus países, le ha dado dividendos y su popularidad política viene en aumento.

¿Qué pasará en los corazones de las personas que el ver a un líder comportarse como un matón les enciende el activismo político? ¿Cómo es que el ver a este señor abandonar hombres, mujeres, niños y hasta bebés a su suerte en el mar resulta algo positivo electoralmente hablando? Hemos perdido la humanidad. Lejos queda ya la ola de indignación que despertó hace cuatro años el caso del niño Aylan, tirado boca abajo en una playa, con su camiseta roja y sus zapatitos recién boleados, ahogado junto a su hermano y su madre en su intento por vivir en paz.

Salvini viola la ley internacional sobre los rescates marítimos y, de paso, también la propia Constitución italiana, que exige atender las necesidades de las personas encontradas en el mar de forma prioritaria, posponiendo cualquier asunto migratorio. Salvini viola la ley positiva y viola la ley moral, avergonzando a la Marina italiana, al no tender la mano ante las necesidades urgentes y negarse a dejar atracar el barco. Y gran parte de las autoridades de la Unión Europea callan.

Gobiernos como el de Malta o España, luego de días y días de hacerse de la vista gorda, han levantado la voz permitiendo que el Open Arms desembarque en sus puertos. Sin embargo, el capitán del barco afirma que Italia es el puerto en el que necesitan parar puesto que está solo a media milla y la situación abordo es insostenible. Especulaciones, presiones políticas, preguntas sobre quién atenderá a los refugiados una vez que estén a salvo en tierra, recriminaciones entre gobiernos por la cooperación desigual durante esta crisis que lleva años… todo ha sucedido mientras la gente del barco vive momentos trágicos. La ley, la decencia y el sentido común dicen lo mismo: ayúdenlos primero, repártanlos después.

La tragedia del Open Arms muestra una vez más la fragilidad de la Unión Europea y la inocencia con la que se planteó la unidad geográfica en una época de paz y prosperidad. ¿Cómo sostener el libre paso entre las fronteras nacionales cuando la crisis de los refugiados enfrenta a las naciones y les hace resucitar límites físicos para evitar que los que se reciben en un lado, transiten al otro? Una nueva crisis económica, el Brexit y la continuación de la crisis migratoria, éste podría ser el combo que termine con el sueño de la Unión.