Sin crítica no hay democracia

Fase 2
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Incluso el gobierno más popular y legítimo de la historia necesita de la crítica constructiva, no dócil y menos amedrentada. Aun el próximo gobierno requiere contrapesos que hoy no aparecen. Partidos políticos en crisis de extinción; los otros poderes del Estado avasallados no sirven como diques para dar cauce republicano al poder conquistado. Y los medios no articulan cuestionamientos razonables, sin riesgo de ser descalificados en caliente.

La salud nacional requiere unidad y ecuanimidad, lo mismo en las decisiones que en las consultas de quienes van a gobernar a partir del 1 de diciembre. Las promesas del Presidente electo tuvieron, tienen como eje vertebral, la paz, la reconciliación, la capacidad de discernir, pero también de disentir.

La consulta aeroportuaria polariza otra vez a los mexicanos. Un ejercicio sin pulcritud metodológica, rebosante de ideología. A cada crítica sobre la ausencia de rigor o contra la vaga opción que impulsa el equipo del Presidente electo, la respuesta coral son descalificaciones y a quienes las profieren, peor; fobias personalizadas y amenazantes.

La consulta marcha con destino final incierto, pero desde ya, reactivó la noción de un país partido en dos. Adiós amor y paz. El destino del aeropuerto enciende viejos enojos y hartazgos, del Presidente electo, para abajo.

De un lado están los que a la tercera ganaron, beneficiarios de la revancha justiciera que desvela sed de venganzas. Toma de poder con tanta legitimidad que parece, indigesta. Del otro, los fifís derrotados, la mafia, la oligarquía, los distintos.

Y como parte del engranaje derrotado, los periodistas que con denuncias y críticas hicieron del Presidente Enrique Peña Nieto el mandatario peor evaluado y a su partido, el más derrotado. Al lado de ellos, analistas y académicos, fifís por igual, que denunciaron, documentaron y difundieron la corrupción maestra de esa clase política, desterrada por gracia de 30 millones de votos el pasado 1 de julio.

Los mismos comunicadores y estudiosos que hoy apuntan groseras fallas metodológicas, técnicas y legales de la consulta; el incumplimiento arbitrario de una encuesta que simplemente ya no fue y de un proyecto de Grupo Rioboó para Santa Lucía, carente de fundamentos técnicos serios para su justa evaluación, se convirtieron de nuevo en mafia, retardatarios del cambio, resistencia oligarca sin crédito ante un colectivo empoderado y enojado, refractario a la crítica, repelente al debate y que a cada argumento contrapone, consigna, porra y descalificativos.

Importa en qué termine la consulta, ¡claro! Pero más, lo que exhibe este inédito y mal montado ejercicio pseudodemocrático.

El árbitro de la consulta es un activista del Presidente electo, lo cual nada de criticable tendría excepto que es el árbitro, garante de transparencia que en cada entrevista que da antepone su convicción ideológica; “antes sólo había imposición y decisiones cupulares; ahora hay democracia”.

Ocupa que a Enrique Calderón Alzati le puedan más sus filias y ojo, no porque vaya a alterar nada, sino porque la distribución demográfica de mesas, la opacidad en cuanto al número de boletas, su resguardo, custodia y procesamiento, porque la segmentación y cobertura de la consulta que diseñaron, sesgó de antemano el proceso.

Sin embargo, al presidente de la Fundación Arturo Rosenblueth todos los señalamientos lo remiten a retar a quienes lo cuestionan; “jamás interpelaron a los presidentes neoliberales”. Y es el árbitro.

Jesús Ramírez Cuevas, vocero del Presidente electo, revira al señalarle que la tinta con la que marcan el dedo de quien ya votó se borra; que la indeleble del INE-IPN utilizada en las elecciones, también se lava. Afirmación que no se apega a la realidad, pero poco importa. Sobre la votación doble y triple de reporteros la reacción fue: los periodistas promueven la trampa, pero por lo marginal de esos casos, la consulta no se invalida.

El Presidente electo tiene ante sí la oportunidad de cumplir lo que prometió a quienes votaron por él y también, a quienes no; inclusión, sobriedad, seriedad, rigor de estadista y raseros parejos. La democracia sin crítica no es posible, unanimidad impuesta, es mala apuesta.