Sábado 28.11.2020 - 07:41

Todo el poder

Indignación y transformación
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El nuevo régimen está empeñado en adquirir todo el poder. Eso lo distingue radicalmente de los gobiernos del periodo de la alternancia (1994-2018). Por eso, como se ha repetido hasta el cansancio, nos encontramos ante un cambio de régimen, no ante un mero cambio de gobierno.

La palabra “todo” vinculada en la misma frase con la palabra “poder” causa resquemor. La democracia representativa liberal parte de la premisa de que nadie debe tener todo el poder. El poder tiene que estar fragmentado. Ésa es la justificación de la división de Poderes en el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Pero más allá de esa división —concebida en el siglo XVIII—, lo que se afirma es que dentro de cada uno de los tres Poderes debe haber pluralidad. El caso más evidente es el del Legislativo. Una democracia representativa liberal no acepta que exista un solo partido en el congreso. Lo que sostiene es que diferentes partidos deben expresar diversas voces dentro de la Cámara. La unanimidad no es requisito para la democracia representativa liberal; por el contrario, es síntoma de que algo va mal. La misma pluralidad debe encontrarse en el Poder Judicial. Los jueces de la Suprema Corte no deben pensar de la misma manera; deben tener discrepancias que respondan a las que existen dentro de la sociedad. Aquí tampoco se espera que haya decisiones unánimes. Y por lo que toca al Ejecutivo, se supone que también debe haber una pluralidad que se manifieste, por lo menos, en la existencia de los órganos autónomos.

Pues bien, al lopezobradorismo no le complace la fragmentación del poder, y lo que pretende es ocupar todos y cada uno de los espacio de toma de decisiones. Como si fuera una marea que inunda una planicie, no quiere dejar ni un solo hueco sin llenar.

Desde esta perspectiva, el triunfo electoral del año pasado fue un paso, apenas un primer paso, para alcanzar el objetivo definitivo. Lo que ahora presenciamos es otra etapa de la lucha del lopezobradorismo para obtener todo el poder. Esta lucha no es electoral, como ya se dijo. Y eso es lo que no acaban de entender quienes todavía piensan desde los parámetros de la democracia representativa liberal. Para ellos, la lucha por el poder del lopezobradorismo debió haberse restringido al proceso electoral. Lo que se resisten a aceptar es que el cambio de régimen significó otra manera de entender la política. Se trata de un cambio de modelo, repito, no de un cambio de gobierno.

La lucha por todo el poder ha obligado al Gobierno a abrir muchos frentes de combate. Las resistencias se sienten por todos lados. No hay un grupo en el país que no manifieste quejas: empresarios, comerciantes, burócratas, académicos, artistas. Lo que los agraviados deben comprender es que para resistir de manera organizada al lopezobradorismo, no pueden esperar hasta las próximas elecciones.