Trump: mucho miedo, pocos hechos

Comer de la basura
Por:
  • valerial-columnista

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, por que no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

Octavio Paz

En contra de lo que se esperaba, en la conferencia de ayer en la noche, Trump no declaró la emergencia nacional que tanto vociferó durante las horas anteriores.

En un momento de sobriedad retórica, el Presidente leyó un discurso en el que buscó justificar el cierre del gobierno y tratar de convencer a los ciudadanos indecisos cuán peligrosos somos los migrantes.

El discurso fue una semilla de miedo y de descalificaciones: de la inaceptable estigmatización; de la perversa caricatura en la que nos muestra como ladrones, asesinos o violadores; de la necesidad de defenderse de nosotros.

La construcción del muro es, ante todo, la materialización del discurso de odio que, desde la campaña, ha impulsado Donald Trump. La vieja y desgastada narrativa de los buenos –blancos, ricos o pobres- en contra de los malos –morenos, ilegales- es el argumento que mayores resultados electorales le ha dado. Trump ha estigmatizado y demonizado a la migración y, por ende, era necesario crear la imagen de “una emergencia nacional”, insistir en los riesgos del “terrorismo”, en “tráfico de drogas”, en “la seguridad de nuestras familias”.

Construir un muro es más un símbolo que una solución a la situación migratoria. 45% de los migrantes que llegan a Estados Unidos, lo hacen por barco; mientras que el mayor flujo de tráfico de drogas pasa por los puertos.

El muro es, en todo caso, un grito de hormigón, un repelente de cemento, hacia nosotros: los vecinos violadores, los latinos delincuentes, los jodidos morenos cuyos hijos se pueden morir, impunemente y sin disculpa alguna, en nuestros centros de detención.

Y hoy, cuando su partido es minoría en la Cámara, con los resultados que en marzo entregará el Fiscal Mueller y a dos años de las elecciones presidenciales, ha decidido reactivar la perorata antiinmigrantes que tantos votos le consiguieron en las elecciones pasadas.

Por su parte, Nancy Pelossi y Chuck Schumacher fueron contundentes: no hay presupuesto para construir el muro e insistieron en que indispensable reanudar las actividades del gobierno al margen de la discusión sobre migración.

El cierre del gobierno es demasiado caro para los norteamericanos; en términos políticos, representa la incapacidad política del Presidente; en términos económicos, pone en vilo a los miles de trabajadores del gobierno que viven –día a día y mes a mes– con el cheque de su empleo y que lleva tres semanas suspendido.

En medio de este torbellino de declaraciones y presiones políticas, Trump sabe bien que la posibilidad de declarar una emergencia nacional en la frontera para construir el muro es perfectamente legal y absolutamente criminal.