Twitter, #10YearChallenge de héroes, sicarios y víctimas

#UnDíaSinNosotras
Por:
  • monica-garza

En todos los años que llevo en los medios de comunicación y en las redes sociales (que nos son pocos…) nunca como ahora había palpado tanta agresividad, resentimiento, ira; tantos delirios de persecución y enfrentamientos vulgares, incluso entre quienes solían ser afines, si no en ideas, sí en el ejercicio de la buena argumentación. ¿Qué fue lo que pasó?

Entre comunicadores, no importa la fuente, el medio o la plataforma, con ideas en común o encontradas, la defensa de la libertad de expresión es la cruzada que compartimos todos, pero también los códigos de comunicación lo eran, y había códigos que ¡no se rompían! ¿Dónde nos perdimos?

Esta semana, en la bipolar red social Twitter, el reto de “los 10 años” o #10YearChallenge fue lo más popular, consiguiendo sumar a miles de cuentas de todo tipo de usuarios, que circularon fotografías de sus antes y después.

Sin darnos cuenta, entre todos hicimos el interesante ejercicio de retratar la evolución —y deformación— del clima en Twitter, en los últimos 10 años.

En 2009, cuando Twitter era todavía un joven del ciberespacio, nacieron los hoy tan ambicionados Trending Topics para dar cuenta de los hechos o movimientos de mayor impacto, como el #15M en España, la #PrimaveraÁrabe iniciada en Egipto, el Occupy Wall Street o #OWS en 2011; en México el

#YoSoy132, #NiUnaMás, por los feminicidios, el #DíaNaranja o el #AbortoLegalYa.

El #MeToo desde su resurgimiento en octubre de 2017, no sólo denunció abusos sexuales contra mujeres en todo el mundo, después decantó en otro tipo de denuncias por abuso, que destruyeron sin clemencia célebres nombres y carreras.

Pero, desafortunadamente en Twitter no todo es solidaridad social. Esa facilidad con la que el anonimato detrás de un avatar o un “nombre de usuario” llega a envalentonar a uno que en segundos se convierte en miles de verdugos, es asombrosa y muy peligrosa.

Es una rabia que se expande como un hambre incontrolable de revancha y sangre tuitera, de la que cada vez más usuarios se ven contagiados, incluso aquellos que dominan el oficio de comunicar y de controlar las visceralidades. ¿Cuántos no han visto ya sus propios escrúpulos vulnerados?, y ni cuenta se dan …

Una expresión fuera de lugar, un error ortográfico o una opinión contraria a la de un grupo, circunstancialmente ventajoso, basta para ser ofrecido en sacrificio al dios del Twitter, con la esperanza de saciar su ira incontrolable.

El odio es ese nuevo afrodisiaco o efectivo somnífero…

Ante las crecientes agresiones con consecuencias en muchos casos dramáticas, los creadores de Twitter han desarrollado herramientas que pretenden brindar un espacio seguro, pero ninguno es infranqueable.

Organismos como Amnistía Internacional se han involucrado creando instrumentos como “Troll Patrol”, para identificar y denunciar los diversos abusos en Twitter, pero no han sido suficientes.

¿Cuál será el techo en todo esto? ¿Cuántas víctimas más se irá a tragar el dragón de esta red social, cuyo manjar favorito parecieran ser las reputaciones —algunas construidas durante toda una vida— que igual destruirá en segundos al menor descuido?

Twitter, los hashtags y las “tendencias”, se han convertido en ese termómetro de popularidad en el que todos quieren estar “calientes”, y varios dispuestos incluso a cambiar su propio discurso ideológico, con tal de ir con la corriente para obtener la clemencia tuitera y recuperar la mayor cantidad de Fav’s y RT’s.

Porque en estos días convertirse en “tendencia” es sinónimo de dos cosas: reconocimiento o burla. Si se trata de lo primero, todo quedará en bonitos mensajes, si tiene que ver con lo segundo, puede terminar en problemas legales, matrimonios finiquitados, memes inclementes, comentarios que incitan a la violencia directa, amenazas y, en el extremo, hasta muertes.

El psicólogo estadounidense John Suler, creó la definición “desinhibición en línea”, que es un interesante estudio sobre la naturaleza y comportamiento de los usuarios de las redes sociales, y por qué el respeto, la empatía, el afecto y el reconocimiento en este tipo de comunicación, fácilmente quedan reducidos.

La investigación señala que en las redes sociales “el otro” se vuelve virtual, razón por la cual las personas con frecuencia se desprenden de la carga emocional, que conlleva agredir a otro ser humano.

Twitter nació para informar, cuestionar, interactuar, descubrir, observar y maravillarnos. No para agredirnos tanto, ni para alimentar resentimientos colectivos o egos estériles, que sí pueden ser muy nocivos en nuestro de por sí ya tan sensible clima social.

No se trata de dejar de ser parte de esa red social, pero ¿desde dónde queremos ser parte?, es lo que habría que reflexionar …