La experiencia del amor

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

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El amor es una necesidad biológica si lo entendemos como la búsqueda de apego que tiene el ser humano desde que nace. La pulsión del bebé no es inespecífica: reconoce el olor y la voz de su madre y la prefiere por encima de los demás.

Ese apego se va volviendo cada vez más sofisticado a lo largo del desarrollo, en el que se presentan situaciones que darán lugar a seguridad o inseguridad básica acerca de qué tan dignos de amor somos. Nuestra capacidad de amar está directamente relacionada con la capacidad de amar de nuestros cuidadores. Esta huella quedará grabada en la memoria del cuerpo, en lo preverbal e inconsciente.

El amor en el homo sapiens es una emoción compleja y esencial para el disfrute del juego de la vida. Sentir amor puede asociarse a romance y deseo, pero también a lealtad, compromiso y empatía. Sentir con otro como si fuéramos el otro, viendo el mundo a través de sus ojos, al internalizarlo, es una experiencia que se busca siempre o a la que se renuncia si gana el aislamiento y la desconfianza.

El amor es la nueva religión secular y se le conceden los poderes que alguna vez tuvo el cristianismo en occidente. Es un culto que encontramos en la poesía y en la literatura y ha sido el principal objeto de estudio del psicoanálisis. En el fondo, la motivación universal es ser mirados, reconocidos y amados.

La mirada que intercambia la madre con el bebé y después con el niño, si es de aceptación y amor, será la misma que el adulto busque en parejas, amigos y trabajos. Llevamos nuestro patrón básico de relación a todas partes. En sus sonetos, Petrarca habla de la mirada de Laura, que pasó de sus ojos abiertos directo al corazón (el corazón es el ojo del pecho). En la mirada del otro buscamos la reparación del pasado, reconocimiento, coincidencias, conexión, alegría, aceptación.

El amor es un campo fértil para toda clase de idealizaciones porque el otro es un símbolo de algo que quizá no existe en lo real. Proyectamos nuestros ideales y necesidades. Es casi sabiduría popular el concepto de deseo de Lacan: el deseo es ser el deseo del otro.

Los cuentos de hadas y las novelas románticas solían terminar en el matrimonio de la pareja como el fin último del encuentro amoroso. Hoy, sabemos que el encuentro es apenas el comienzo de una historia que debe construirse.

Es común que algunas parejas tengan largas relaciones de noviazgo y que todo se desmorone en los primeros años del matrimonio. Son parejas que no entendieron que el amor es una negociación constante con uno mismo y con el otro y que creyeron que casarse es suficiente para tener una relación sólida y comprometida.

Desde la perspectiva de género, el amor se describe como un vínculo desigual en el que la mujer era objeto pasivo del deseo masculino. Los feminismos han puesto en la mesa un amor igualitario: un campo donde hombres y mujeres tienen la misma posibilidad de disfrutar.

Intentar definir lo que es y no es el amor, constituye una tarea compleja porque amar es sobre todo una experiencia personal y una decisión.

Vale Villa

Vale Villa

Psicoterapeuta individual y de pareja desde hace 17 años. Su orientación es sistémica-narrativa. Admira a Freud, a Winicott, a Coetzee y a Paz. Es chilanga, corredora y nadadora. Siempre quiere ir al cine.
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