La flama de la guerra

Tan novedoso como antiguo
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Tal como escribí el 18 de septiembre, el gobierno de Teherán había encendido la vela por ambos lados y, mucho me temía que, más temprano que tarde veríamos arder las llamas de la guerra.

Irán inició las provocaciones el 19 de julio de 2019 con la detención de dos navíos de Reino Unido. En cuestión de minutos, el gobierno de Arabia Saudita ofreció apoyo para recibir tropas y Kuwait desplegó su defensa naval. En ese momento, Donald Trump autorizó el envío de 500 efectivos.

La segunda fecha clave fue el 14 de septiembre, cuando fueron atacadas, mediante drones, instalaciones petroleras en Arabia Saudita; con ello, se redujo 5 por ciento la exportación de petróleo al mundo con el inevitable encarecimiento en los mercados internacionales y el impacto en la industria mundial. En ese tenor, y sin dubitaciones, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, responsabilizó al gobierno de Teherán.

Finalmente, el 2 de enero de 2020, Donald Trump autorizó la ejecución del General Qasem Soleimani, pues “desarrollaba activamente planes para atacar diplomáticos y personal de EU en Irak y en la región”. Estados Unidos considera a la Guardia Revolucionaria de Irán como una Organización Terrorista Internacional. Frente a dicho argumento, la relatora especial de las Naciones Unidas sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Agnes Callamard, encontró cuestionable la justificación ofrecida por la Casa Blanca.

Como era de esperarse, el gobierno de Teherán alzó la bandera de la venganza y tensó las relaciones con la comunidad internacional. Como respuesta, Trump envió 3,000 efectivos más a la región. No hacía falta ser un genio para saber que esto pasaría. La decisión de Trump es una muestra más de la falsa ilusión de la frontera entre la política interior y la exterior.

Dado que cualquiera habría previsto una respuesta sangrienta que pondría fin a “la calma chicha” que había dado el acuerdo con Irán, la pregunta que debemos respondernos apunta hacia los motivos de Trump para autorizar una ejecución de dicho alcance, sin considerar al Congreso y, solamente, como medida preventiva.

Irán ha declarado que considera al Ejército de Estados Unidos como un grupo terrorista; al hacerlo, busca crear las condiciones para justificar los ataques.

Cada día es más difícil explicar el nuevo entramado de la geopolítica; a pesar de ello, estoy segura de que las lecturas maniqueas —gringos: buenos, gringos: malos; Irán: victimario, Irán: víctima— son falsas, como siempre. Pero, sobre todo, obtusas y pedantemente peligrosas, pues oscurecen la posibilidad de la paz.

Por donde se mire, un nuevo conflicto en Medio Oriente es poco deseable; pero lo es menos en los días de los gobiernos populistas, de la retórica de la posverdad y de la ultra derecha al alza pues, en este escenario, lograr un mal acuerdo, una paz pertrecha, se ve todavía más lejano.