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Un joven demuestra su inconformidad con el diálogo, ayer, en Managua. Foto: AP

El diálogo entre el gobierno de Daniel Ortega y sectores de la oposición arrancó ayer. Fue una jornada tensa, en la que estudiantes y empresarios dejaron claro el objetivo del encuentro: esto no es una conversación, es una negociación para que renuncie, aseguró un estudiante al iniciar el evento.

Acompañado por su esposa, la vicepresidenta y vocera del gobierno, Rosario Murillo, el gobernante nicaragüense llegó a las instalaciones del Seminario Interdiocesano Nuestra Señora de Fátima, al oeste de Managua, rodeado de un dispositivo de seguridad de más de 500 efectivos antimotines.

“¡Asesinos, asesinos, asesinos!”, les gritaron a coro decenas de activistas y manifestantes apostados en la entrada del sitio, mientras la caravana de seguridad rodeaba los vehículos en los que se trasladaba la pareja presidencial. En el diálogo participan el gobierno, estudiantes y representantes de la sociedad civil y el sector privado.

En 2017, el gobierno de Nicolás Maduro convocó al diálogo con sectores de oposición para apagar las protestas que dejaron más de 130 muertos en la nación sudamericana. El resultado: la disidencia perdió la credibilidad, los manifestantes dejaron las calles y el chavismo incumplió los acuerdos que se habían alcanzado.

Incluso, el gobierno de Maduro insinúo la posibilidad de retormar las negociaciones políticas nuevamente para detener la crisis política que se ha desatado a causa de las próximas elecciones presidenciales en Venezuela, sin ningún tipo de garantías.

El presidente dominicano, Danilo Medina, aseguró el pasado 8 de mayo que no cree que participe en el nuevo intento de diálogo entre el gobierno y la oposición venezolana, que fue propuesto por Maduro.  “Conmigo no han hablado y yo no creo que participe en el  diálogo”, dijo.

Después de escuchar el Himno Nacional y las palabras de bienvenida de la Conferencia Episcopal, que es mediadora y testigo de las conversaciones, se le dio la palabra a Ortega. Pero Lester Alemán, uno de los dirigentes de los estudiantes, lo interrumpió antes de que comenzara a hablar para exigirle el fin inmediato de la represión de las protestas populares.

Gráfico: La Razón de México

“Ordene ya, en este mismo momento, el cese de la represión de la policía, de las fuerzas paramilitares, de las turbas de su partido, que nos han estado masacrando y matando”, aseguró el joven.

El jefe de Estado respondió que el hecho de llegar al diálogo era una muestra de buena voluntad y que le dolían las muertes producidas durante las protestas. “La policía no está para reprimir la protestas, sino para evitar el caos y es lo que hemos hecho, porque no es posible que anden atacando cuarteles de la policía, porque no son angelitos los que andan ahí”, enfatizó Ortega, en medio del griterío de los estudiantes.

Ortega sostuvo que la policía actuó conforme a la ley, que hubo muertes en todos los bandos y acusó a los estudiantes de portar armas de guerra y generar caos.

A la petición de los estudiantes se sumó la de monseñor Abelardo Mara, obispo de la Diócesis de Estelí, en el norte del país. “Presidente Ortega, que se retire la policía a los cuarteles y que dejemos actuar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Le pido que repiense el camino que ha recorrido”.

Ortega replicó que el gobierno aceptó que una misión de la CIDH visite el país para que investigue cuántos presos políticos hay y para que “no se utilice la mentira”; palabras que fueron seguidas por los estudiantes, que leyeron en voz alta los nombres de los 65 muertos. El mandatario y su esposa escucharon la lista visiblemente molestos.

El director ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Juan Sebastián Chamorro, indicó sentirse decepcionado por la actitud del gobernante. “Creemos que esta es una oportunidad de buscar justicia y democratizar (y) nos vienen a hablar de otro mundo”, indicó Chamorro.

Ortega insistió que además de la visita de la CIDH, el gobierno trabaja con la Organización de Estados Americanos sobre la institucionalidad y las elecciones libres.

“Hoy, la Nicaragua que atraía inversiones está profundamente herida y quiero hacer el llamado a que se facilite el tránsito en el campo, en las ciudades, a las zonas francas. Más de 160 mil trabajadores están paralizados y se les está mandando al desempleo”, exhortó Ortega, antes de partir escoltado por helicópteros militares.

Gráfico: La Razón de México

La Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua, un organismo no gubernamental, informó esta semana que las protestas han dejado 65 muertos. Otros grupos y el gobierno han señalado que las cifras son menores.

Michael Healy, presidente de la Unión de Productores y Agricultores de Nicaragua, y que participa en nombre del sector privado en el diálogo, aseguró que la sesión del miércoles demostró que Ortega no quiere encontrar una salida a la crisis.

“Este país está al borde del caos y no puede ser que estemos con discursos enredados en los que se quiere responsabilizar a los estudiantes y protestantes por las masacres y muertes en el país. No lo vemos correcto”, dijo Healy ,y anunció que la Unión evaluará si sigue participando en el proceso.

“El diálogo es para pedir justicia para las víctimas y la salida de Daniel Ortega del poder, porque no tiene capacidad de dirigir más a este país”, afirmó a medios locales Azalea Solís, representante de la sociedad civil.

  • El Dato: Nicaragua cumple 28 días de agitación social tras las multitudinarias manifestaciones en favor y en contra del gobierno de Daniel Ortega.