Otra masacre en Gaza

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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60 palestinos muertos y 500 heridos es la macabra estadística de la última ofensiva de Israel contra los manifestantes de la franja de Gaza y Cisjordania. Se cumplen por estos meses 70 años de la fundación del Estado israelí y los palestinos, opuestos a ese hito del siglo XX, que implicó la pérdida de territorio para la nación árabe, se han movilizado en la frontera como cada año. Esta vez, sin embargo, la represión ha sido mayor y ha recurrido al acoso militar de la zona, algo que no sucedía desde 2014. Como tantas veces en el pasado, la ONU es incapaz de frenar la masacre.

No es ésta una guerra regular o irregular sino, estrictamente, la represión de una manifestación popular. La respuesta de Israel es, a todas luces, desproporcionada y tiene a su favor la posición de su principal aliado, el gobierno de Donald Trump. Las últimas acciones de esta administración, especialmente las relacionadas con el fin del acuerdo nuclear con Irán y el incremento de la agresividad retórica contra las naciones islámicas, atizan el conflicto en el Medio Oriente. Cualquier solución para el dilema de las dos soberanías pasa por el claro posicionamiento de Estados Unidos a favor del diálogo.

La apertura de la nueva embajada de Estados Unidos en Jerusalén se suma a esa serie de torpes y ofensivas decisiones. La hija del presidente, Ivanka, su esposo y asesor presidencial Jared Kushner y el Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, han viajado a la Ciudad Santa, a una ceremonia que resulta tan emotiva para las comunidades judías como hiriente para las palestinas, que no han podido instalar su capital en la parte musulmana de la capital. El historiador Simon Sebag Montefiore, autor de una biografía de Jerusalén, ha insistido en que judíos, cristianos y musulmanes tienen el mismo derecho histórico a reclamar una presencia originaria en la Ciudad Santa.

La decisión de instalar la embajada israelí en un sitio disputado, que debería ser percibido como espacio de diálogo entre razas y religiones, caldea los ánimos. Estados Unidos se ha enfrentado a 128 países, miembros de la ONU, que rechazan la decisión del presidente Trump y que llaman a propiciar el entendimiento y la vuelta a la negociación diplomática entre Israel y Palestina. Trump responde a esas críticas, especialmente a la del presidente francés, Emmanuel Macron, con el argumento de que la soberanía de Israel debe ser respetada.

Pero el problema de fondo es que la fundación y sostenimiento del Estado de Israel, por la ONU, han sido ideados y practicados por medio de la limitación de la soberanía de Palestina. Ese error de origen, y otros resabios de la cultura política del siglo XX, como la fricción explosiva entre antisemitismo y sionismo, han llevado a la instalación de un conflicto demasiado largo, con enorme capacidad de reproducción. Desde la presidencia de Bill Clinton quedó claro que la única posición racional para el gobierno de Estados Unidos, ante dicho conflicto, es la mediación, no la parcialidad.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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