Paseo por la realidad y la magia

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Ernesto Lozano/http://ernestolozano.artelista.com

Ante una aromática taza de café que el propio Luis Granda preparara y en medio de un desfile verbal con alusiones a iconos de la cultura popular, como Greta Garbo, Marilyn Monroe, la Bardot, el Che Guevara y Korda, transcurrió la conversación-entrevista con este destacado artista plástico, de origen español, en su estudio de la colonia Condesa.

Luis Granda presenta desde el pasado 9 de septiembre, hasta el 16 de octubre, 25 obras de diverso formato en la galería Óscar Román, de la colonia Polanco. El autor tiene piezas en varias colecciones públicas y privadas que han sido expuestas en galerías y museos de Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela, Israel, Holanda y varios países europeos.
El crítico José Tappán escribió sobre Luis: “el trabajo de Granda incluye una complicada propuesta en la que los símbolos e imágenes juegan con intencionalidades, no siempre presentes explícitamente, que invitan al espectador a dejarse atrapar por la experiencia estética y tomar un papel activo al buscar y leer en los fondos, en los recovecos”.

Las obras presentes en esta colección (2007-2009) tienen un movimiento impresionante gracias al ágil dibujo discursivo y a una paleta de colores que raya lo mágico-real. En las piezas la cotidianidad se hace presente, el pintor extrae y muestra, la gente y los rostros con los que nos encontramos a diario, con los que conversamos en una parada de autobús, con los que cruzamos miradas en el súper o con los que nos rodean en un concierto de rock. Este madrileño universal nos invita a admirar y transitar con él, acompañados de colores, texturas, formas y olores, por ese mundo que atrapó para nosotros en El rostro y el cuerpo.

¿Se puede considerar su obra matérica? Sí, porque le doy mucha importancia al producto, al pigmento, a la tela, al óleo. Es interesante porque no es una superficie plana, pero tampoco texturada de arena. Es como con mixtura, el óleo, la materia se vuelve más espesa, más densa. Esto juega con las propias telas teñidas, desteñidas o entintadas. Juego también con el transfer, el grafiti que veo en México, en Londres, en Berlín, que integro a este juego con lo matérico. Uso la tela; más que como un collage, la uso como pincelada, tela teñida o desteñida; la trabajo, la hago que participe como la materia del cuadro, como elemento de soporte, de construcción, no de solución.

Utilizas el cuerpo humano y los rostros, ¿Qué objetivo persigues con esta propuesta? Siempre he sido figurativo. Me interesa mucho el rostro porque es una de las partes del cuerpo que nos sirven de identificador. En las manos sólo nos identifican las huellas digitales. El rostro siempre está en paralelo; en una identificación, en una credencial, aparecen estas dos cosas.

En el rostro siempre tenemos unidos los cinco sentidos, digo más, hasta seis porque tenemos en la cabeza también la mente; encontramos el ojo, el que ve, el que oye, el que huele, el que degusta y la piel está sintiendo. Es un mapa de expresión, vemos cómo el tiempo marca la actitud que tenemos ahora con la cara que ponemos; algo nos está diciendo, el rostro es un mapa de muchas cosas.

El cuerpo siempre ha sido muy fiel a la figura; me encanta, no puedo explicarlo, me gusta y ya. Tomo muy en cuenta que el cuerpo por sí mismo siempre tiene encima una piel; nos vemos vestidos por alguna manera, una razón, por un gusto, y esa piel me interesa mucho porque usando el propio cuerpo, es una lectura muy interesante. Nos da actividad, estatus o qué tipo de reunión o dónde estamos, a dónde vamos. El clima nos marca mucho. Esa segunda piel la tomo a través del cuerpo, nos lleva a la moda, el tipo de trabajo que hacemos; portamos con esa segunda piel marcas de actitudes o actividades y épocas.

¿Llevas mucho tiempo trabajando el cuerpo con esta propuesta que presentas en la galería Óscar Román, ¿Influye en algo que pintes en México? La vengo trabajando desde hace algunos años. Ahora he resumido e introducido cosas del mundo joven, del rock, y también me ha llevado a los iconos de la moda, de la cinematografía, de la música. Aquí estamos todos representados. Para mí México no es un lugar para pintar, bajo el punto de vista de que tenga que marcar; México es el sitio donde pinto. Aquí se representan y están México, Canadá, Londres… están y no están, y a la vez estamos todos.
Citaba Yolanda de la Torre sobre tu obra que “es una extensión de signos y metáforas, de texturas y subtextos apenas insinuados entre el escenario de lo humano y los humanos mismos…”.

¿Qué opinión te merece ese comentario? Realmente hay mucha metáfora en mi obra. Lo que uno pinta es una metáfora, el Guernica de Picasso es una metáfora, nunca vemos la guerra pero ahí está la guerra. La profundidad intelectual me cuesta mucho trabajo, realmente soy más expresivo; me expreso a través de signos, de síntesis de formas, de colores, de gestos, por eso el cuerpo y la cara. La parte retórica se la dejo a los que se dedican a eso.

¿En qué corriente estética podemos insertar tu obra, según la valoración como creador? Es complicado, son respuestas que, si uno las dice mal, pueden crear problemas. A mí la parte intelectual del arte, dar ubicaciones, me da mucho trabajo. Soy contemporáneo porque lo estoy haciendo con este tiempo. Soy figurativo, porque se reconoce lo que hago. Soy matérico, porque la materia para mí es parte al no ser una superficie lisa. Mi estilo es Luis Granda.

¿Por qué los lectores de La Razón de México debemos visitar tu muestra. Qué encontraremos? Uno hace una obra y la expone al público con la idea de que le llame la atención.Lo primero que uno espera es que hallen algo, que se identifiquen con algo, pero sobre todo que se sorprendan.

fdm

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