Peligro encubierto

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En el mes y medio que lleva Donald Trump siendo Presidente de los Estados Unidos de América, su gobierno se ha visto envuelto en una serie de controversias originadas de la implementación de sus promesas de campaña. Pero surgen cuestionamientos en torno a los porqués, a las razones profundas dentro de las políticas de la Administración Trump, y la respuesta la podemos encontrar en aquellas figuras que son el poder detrás del poder, entre las cuales se encuentran Steve Bannon, estratega en jefe de la Casa Blanca, y Robert Mercer. Ambas figuras polémicas, comparten una amistad resultado de los mismos gustos ideológicos de extrema derecha, y es constatable la enorme influencia que ejercen sobre el de por sí imbécil y arrogante presidente, creando la receta perfecta para la perversidad. Mercer, cuya fortuna se estima en los 15.9 millardos de dólares, producto de trabajo como científico de la computación, emprendedor e inversionista en fondos de cobertura, fue el mayor donante individual a la campaña de Trump, con la cual también colaboró mediante Cambridge Analytica, compañía en la cual posee acciones por 10 mdd. Cambridge Analytica se especializa en “estrategias de gestión electoral”, lo cual se traduce en recolección de big data del electorado (220 millones de votantes, a los cuales agrupan en 5,000 perfiles psicológicos), para después apuntarles en Facebook con anuncios web semi-personalizados acorde a sus opiniones políticas.

El verdadero peligro radica en la manipulación del electorado acorde a propósitos políticos de carácter privado mediante esta estrategia, también conocida militarmente como psyops u “operaciones psicológicas”: propaganda masiva que actúa sobre las emociones de las personas, lo que facilita la creación de tendencias; esto es posible gracias al uso de algoritmos e inteligencia artificial. Aquí es clara la relación con la campaña de Trump, en donde cada “declaración controversial” era calculada para lograr la mayor cantidad de impacto político. Sigue funcionando de la misma forma ya que es presidente, por ejemplo, en su primera conferencia de prensa, en donde recibía retroalimentación en tiempo real a cada palabra que decía. Y el gran genio detrás de cada mensaje, es nada más y nada menos que el antes mencionado Steve Bannon, obsesionado con delirios mesiánicos propios de la supremacía blanca.

Bannon pasa aproximadamente 16 horas diarias en la Casa Blanca, maquiavelando sobre los tres pilares de la agenda Trump, definidos por el propio Bannon: “Seguridad y soberanía”, “nacionalismo económico” y la “deconstrucción del Estado administrativo”. Ésta última es la más peligrosa de todas, ya que consiste en quitar todo tipo de regulaciones gubernamentales, donde cada designio de personas incompetentes a las agencias que les corresponden, responde a un propósito específico: crear caos y conflicto, para que un nuevo Estados Unidos pueda resurgir como el ave fénix, más blanco y más puro… Aquí cabe preguntarse: ¿A costa de qué? Espero que no sea a costa de nosotros.

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