Peña y López

SOBRE LA MARCHA

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Hoy, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador trazan la ruta para el cambio en concordia. La polarización de la última década, acentuada en el último semestre, tiene que morir. Los sepultureros serán estos personajes que, el primero de diciembre, cruzarán juntos una aduana más en el viaje sinfín de la democracia nacional.

El Presidente Enrique Peña Nieto y el próximo Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se verán hoy las caras para un cambio de poderes como debe ser: republicano, institucional. La transición administrativa profesional y, por lo mismo, sin incertidumbre ni sobresaltos.

El PRI-gobierno se murió con la suya. Apostaron su resto a lo que creyeron y les alcanzó para poco. Su candidato, quizá el mejor en la propuesta, sin duda, el mejor en la derrota. México camina hacia su tercera alternancia política en la Presidencia, sin plantones, crisis política, social, financiera, tampoco económica.

Los fundamentales están sanos y a salvo. La autonomía del Banco de México, garantizada. Controlar la inflación y promover el crecimiento económico es debate viejo, pero resucitará.

Si Andrés Manuel López Obrador promete ser ejemplo para desterrar la corrupción estructural, él, junto con Peña Nieto, deberán marcar la pauta en cuanto a civilidad y solidaridad nacional.

México tiene sed de justicia, equidad, desarrollo integral, oportunidades para todos, honestidad, legalidad y paz; pero tanto, o más, le urge la reconciliación. No fueron las campañas, han sido 12 años de chairos contra chayos, de pejezombies contra peñabots, de pueblo bueno contra mafia en el poder.

Preguntar ¿qué pasó con el precio de las gasolinas? es lo mismo que indagar si aquellos que juraron que si AMLO ganaba se iban del país, están hoy en el aeropuerto. Basta.

La estulticia colectiva, como las escaleras, también se barre de arriba hacia abajo. Que Peña, AMLO y quien se haga del PAN, del PRI, del cascajo perredista y de las sobras verdes, hagan lo propio. Y la sociedad civil, igual.

Se acabaron las fantasías futbolera y electoral. Con ellas, los mitos y prospectivas de volteretas de último minuto se fueron; el llamado al voto útil fue un chiste y el del megafraude, otro. Las encuestas no se equivocaron y los pronósticos deportivos, tampoco.

Ni Trump, el Brexit o Colombia fueron ejemplos ni se replicaron. La verbena alrededor de AMLO fue, es y será, incontestable. Vendrán, como cada seis años, nuevos protagonistas a enfrentar viejos retos; habrá acierto y error, luz y sombra, magia no, milagros menos.

El reto de transformarse de toro en torero, de borracho en cantinero, es monumental y requiere soporte y crítica, resistencia que apoye, cuestione y empuje hacia adelante.

Que los destellos populistas del líder se transformen en conductas populares. Que la legítima aspiración de López Obrador por trascender como un buen Presidente, nos contagie para lo mismo a millones de ciudadanos.

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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