Periodismo en tiempos de “ya sabes quién”

QUEBRADERO

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El periodismo es una profesión que obliga a estar invariablemente en guardia. Pequeños detalles que pueden ser pasados por alto se pueden convertir en claves fundamentales para un buen desarrollo del trabajo. Se debe actuar bajo la premisa de un todoterreno.

El trabajo no sólo debe verse en función de la profesión misma; cada vez es más importante la relación que guardan los periodistas con los dueños de los medios y la de éstos con el poder político. El muy socorrido “no te pago para que me pegues” establece una imposición y también una muy delicada y seria dependencia.

La sistemática tentación de los dueños de los medios por meterse en el trabajo de los periodistas, es un negocio que, a fin de cuentas, es suyo, complica aún más las cosas. Los dueños están en medio de muchos escenarios.

Están entre el no meterse con un “alguien” por las razones que se quiera; con el hecho de que sus medios sean parte de muchas empresas. Eventualmente, el ejercicio periodístico en sus propios medios les puede afectar; están también bajo la siempre delicada relación de negocio y complicidad con el poder político; y con algo que no es tan fácil de asimilar, que lo que publican o den a conocer sus propios medios sea contrario a lo que piensan o a su ideología misma, a lo que se suma su entorno familiar.

Bien se podría decir que “quien no quiera ver fantasmas que no salga en la noche”. Sin embargo, la convivencia, la sobrevivencia y, sobre todo, la importancia de los medios, agreguemos obviamente a las redes, obliga a crear condiciones favorables para el desarrollo del periodismo.

¿Cómo serán los nuevos tiempos con el nuevo gobierno, el cual ya ha anunciado que va a cambiar lo que podríamos llamar “reglas históricas”?

Estos días nos hemos llenado de rumores sobre lo que se piensa hacer, y sobre todo lo que se dice que ya se está haciendo, se habla de presiones y despidos; todo son hasta ahora dichos.

Los periodistas estamos obligados a recordar aquello de que ejercemos una profesión en que no se debe bajar la guardia, gobierne quien gobierne. Lo riesgos son intrínsecos al trabajo porque lo que está de por medio es informar y opinar; todo entra en los terrenos de lo controvertible porque además se trata de evidenciar hechos que eventualmente pueden tocar intereses de los propios medios.

Los tiempos por venir van a requerir de un periodismo que sea más libre que nunca. La militancia puede llevar a terrenos en donde se someta el sentido y origen de la profesión.

El nuevo gobierno podrá terminar pidiendo solidaridad, en función del mandato de las urnas, ante lo que se va a requerir es de un periodismo inteligente y libre; evitemos todos el estar “conmigo o contra mí”.

Gobiernos y periodismo van por vías distintas. Cada quien jala para su lado, cada quien tiene sus obligaciones y principios, los cuales viven por lo general al límite; el fin de la crítica es el fin de la profesión.

Si bien los periodistas tenemos retos por delante, no son menos los que van a tener los dueños de los medios. Cambiar las reglas de las relaciones comerciales, y en muchos casos de complicidad, bajo lo cual hemos vivido, obliga a repensarse y hasta cierto punto reinventarse.

Los mejores y más creíbles medios son los que logran entendimientos básicos y tienen como principio la libertad. Con el poder se habla para informarse y reportear.

Entre los dueños de los medios y sus periodistas de lo que se trata es de que haya entendimiento bajo una relación de respeto y sin trampas, como en muchas ocasiones ha sucedido.

Sigue estando bajo brutal riesgo el periodismo independiente, el que se ejerce por cuenta propia, el de pequeños medios y el de las redes. Si bien va por otros caminos, no está nada lejos del de los grandes medios.

A éste se le debe una mayor atención desde la perspectiva de país. Es el que hoy merece la protección del nuevo gobierno.

A ver qué viene desde el 1 de diciembre con “ya sabes quién”.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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