Petro: victoria y derrota

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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Tiene razón Gustavo Petro cuando asegura que con más de 8 millones de votos es difícil hablar de derrota. La coalición Colombia Humana ha logrado reconfigurar la izquierda en ese país suramericano y ha respondido creativamente a la crisis de los regímenes bolivarianos. Como oposición legislativa, el proyecto de Petro tendrá grandes posibilidades de ganar en definición y en base social. Su influencia inmediata sobre las izquierdas vecinas será positiva.

No basta atribuir la derrota a la eficacia de la descalificación de la derecha uribista. Petro logró formular un programa atractivo y heterodoxo, que le ganó simpatías populares y juveniles, pero su mensaje no llegó al centro. Todas las polarizaciones ideológicas crean una franja intermedia, fronteriza, que decide las elecciones en el último tramo. Colombia Humana descuidó esa zona indecisa del electorado.

El mecanismo de la segunda vuelta ofrecía a Petro un margen de alianzas que no fue bien aprovechado. Los votos de los candidatos santistas, Humberto de la Calle y Germán Vargas Lleras, no migraron hacia la izquierda. La desconfianza se impuso y el origen de la misma, como sugeríamos en esta columna, tal vez tuvo que ver con la vaguedad del programa de la izquierda en temas básicos como la democracia y los derechos humanos.

A la apuesta por la paz, la reforma agraria y los derechos sociales, la izquierda no supo agregar un acento continuista en términos del sistema político colombiano. El proyecto del nuevo constituyente, más que justificado por la intensidad del cambio en la política económica y social, fue aprovechado por la derecha para inflar el argumento del miedo a un chavismo colombiano.

En Colombia, la vecindad con Venezuela y la crisis humanitaria en la frontera dan al discurso del miedo una tangibilidad desconocida en México y otros países de la región. El programa de Petro era claramente distinto al del chavismo o el madurismo, pero sus esfuerzos de diferenciación no siempre fueron convincentes y, a veces, el candidato reaccionó mal ante la demanda de posicionamiento frente al desastre venezolano.

En un comunicado que envió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, tras las elecciones venezolanas del 20 de mayo, Petro sostuvo que los resultados no podían considerarse válidos. Pero ante la crítica de falta de vehemencia, en su rechazo al autoritarismo madurista, el candidato contraatacaba con una equiparación entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez, que no acepta la mayoría de los colombianos.

El antiuribismo, a diferencia del antichavismo, es una causa limitada para ganar el centro del electorado colombiano. Sin embargo, como recurso de la oposición, nada más rentable que presentar a Iván Duque como un títere del expresidente. Desde el Senado, Petro se convertirá en la némesis del nuevo uribismo sin Uribe. Lo que garantiza el éxito de una oposición no necesariamente asegura el triunfo electoral en una contienda por la presidencia.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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