Poética de la inconformidad

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En el hondo recoveco donde destila el tóxico de su aguijón, el alacrán recuerda cómo en los años veinte del siglo pasado les cayó a los Estridentistas el chahuistle de la estética conformista. Su burla de la ideología de la revolución y su enfrentamiento con los Contemporáneos (nuestro súper-recontra-mega-intocable leitmotiv poético hasta hoy) le costó a Alfredo Sánchez, Salvador Gallardo, Germán Cueto, Fermín Revueltas, Alva de la Canal, Luis Quintanilla y Leopoldo Méndez, la casi nula apreciación de su poética artística. ¿De verdad no hay poemas vanguardistas rescatables de
Arqueles Vela o Liszt Arzubide? “Estoy a la intemperie de todas las estéticas”, destelló Maples Arce. Casi un siglo después, nuestros críticos literarios (asumidos felizmente derechosos), así como nuestros populares y efímeros gurús televisivo-literarios, siguen denostándolos con sonrisas irónicas.

Los paralelismos y las comparaciones son veneno, lo sabe el rastrero, pero en los años setenta le cayó el mismo chahuistle a los Infrarrealistas, esos saboteadores de los decentes recitales de Paz y farsas literarias diversas.
Una veintena de escritores: José Vicente Anaya, Rubén Medina, Rosas Ribeyro, Mara Larrosa, José Peguero, Bruno Montané, Claudia Kerik, María Guadalupe Ochoa, Mario Raúl Guzmán y aún más, junto con los ya muy célebres Roberto Bolaño y Mario Santiago, se burlaron de toda nuestra muy querida y admirada literaturita mexicana. ¡Oh, blasfemia!

Con las merecidas críticas emergentes a la reciente antología poética con la cual la Secretaría de Cultura promueve a sus poetas modélicos o canónicos hasta en francés (sin descalificar a quienes lo merezcan, pero con hartas dudas sobre el mecanismo de selección), el rastrero pone sobre la batahola Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos (Aldus, 2014; Matadero UANL, 2016) con ediciones en Perú, en Chile y pronto en Colombia.

Para sorpresa del establecimiento cultural nativo (INBA, Tierra Adentro, DGP, Fonca, SNC), se vende y lee más la escritura marginal, ajena a la moda, al mainstream y a las agencias del Estado. Escritura rabiosamente crítica ante los mecanismos tradicionales de la industria privada y la promoción editorial estatal. A estas alturas, sólo los desahuciados piden chamba en Literatura de la Secretaría de Cultura. El arte, la vida, están en otra parte. Aunque el venenoso también reconoce: más cornadas da el hambre.

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