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Los mamíferos reciben atención de primer nivel en el delfinario en Quintana Roo. Foto: Karen Rodríguez

Desde el muelle que lleva a la entrada del delfinario se observa, a lo lejos, un hombre con traje de buzo azul. Detrás de la puerta principal aparecen media docena de personas con camisa blanca. Todos se enfrascan en su faena cotidiana.

En Dolphin Discovery, un ejército de 200 trabajadores tiene por tarea operar esta actividad económica y turística: cuidar y adiestrar a los delfines, pero también transportar a los turistas hasta esta sede ubicada en Isla Mujeres, tomarles fotos, guiarlos, servirles alimentos y orientarlos sobre las atracciones del lugar.

Todos forman parte de un sector en el que una legislación, en caso de aprobarse, tendrá repercusión inmediata en su situación laboral. Si los delfinarios cierran, tal como lo prevé la reforma al artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre, que se encuentra en el Senado, su vida cambiará.

  • El Dato: La ley prevé que queda prohibida la reproducción en cautiverio, con excepción de fines de repoblación de especies y la introducción de nuevos ejemplares.

La industria de los delfinarios emplea cerca de 15 mil personas sólo en el estado de Quintana Roo, de las cuales 11 mil 400 trabajan de manera indirecta y dos mil 800 directa. Algunos incluso dejaron sus lugares de origen para irse a este destino a laborar.

Como es el caso de la veterinaria María Renee Arreola; de Arturo Alba, supervisor de especialistas de mamíferos marinos, y de Rosi Cerrillos, gerente de especialistas de mamíferos marinos, quienes son originarios de la Ciudad de México, pero su vocación por cuidar a los animales los llevó a establecerse en Cancún hace más de una década. 

“Nosotros estamos al pendiente de los delfines todo el tiempo, porque algo puede pasar, a ellos no les importa qué día es. Así que tratamos de vivir cerca del trabajo para llegar rápido en cualquier emergencia”, comenta Renee Arreola a La Razón.

Sin embargo, estos tres colaboradores ya no se imaginan la vida fuera de Quintana Roo y sin los delfines, a los que supervisan desde que nacen y, por supuesto no se imaginan laborando en otro lugar, pues se sienten afortunados por haber encontrado el trabajo de sus sueños.

En su caso, debieron prepararse por al menos 10 años para obtener una certificación denominada en el entrenamiento de mamíferos marinos que otorga la Asociación Internacional de Entrenadores de Animales Marinos (IMATA, por sus siglas en inglés).

Otra de las afectaciones que prevén los representantes de los delfinarios si éstos desaparecen, es que el turismo descenderá. “Tendríamos un gran vacío en los destinos turísticos y le restaría interés, pues siete de cada 10 turistas realizan nado con delfines”, afirma Claudia Pérez Salas, directora de la Asociación Mexicana de Hábitats para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos (AMHMAR).

En ese sentido, Eduardo Albor, director general de Dolphin Discovery, comenta que, al no existir la oferta en México, los visitantes optarían por ir a otros sitios. “La pérdida de competitividad en nuestros destinos turísticos, sería una afectación, porque hay otros sitios en el mundo que ofrecen esta actividad, entonces se tendría que ir al Caribe, Jamaica o incluso Estados Unidos para poder hacerlo”, indicó.

Cada año México recibe 2.2 millones de personas que visitan alguno de los 27 delfinarios que hay en el país, que generan una derrama económica de más de 3 mil millones de pesos; de estas visitas un millón 900 mil se realizan en los 18 lugares que ofrecen interacciones con mamíferos marinos en Quintana Roo.

De acuerdo con la AMHMAR, los nados con delfines aportan comisiones por más de 850 millones de pesos a las agencias de viajes que venden los paquetes.

Alegatos de los opositores. Los grupos que están en contra del funcionamiento de estos lugares señalan que las ganancias que obtienen los delfinarios resultan de un maltrato hacia los animales; sin embargo, la directora de la AMHMAR, Claudia Pérez-Salas, afirma que los delfinarios, en ese sentido, funcionan con apego a la ley.

“Eso que dicen algunos activistas es una falsedad, porque los delfinarios son empresas legalmente constituidas en una actividad lícita y esta actividad cumple con cada una de las obligaciones que marca el gobierno”, dice.

Se rigen bajo la Norma Oficial Mexicana (NOM) 135 que emite la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que regula la captura para investigación, transporte, exhibición, manejo y manutención de mamíferos marinos en cautiverio.

Aunque esta regla puede ser modificada por la dependencia, el diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Jesús Sesma, considera que la NOM podría “esperar a ver si la modificación tiene la venia del Senado para que la norma vaya acorde a lo que la Ley General de Vida Silvestre decida”.

La modificación a la legislatura ya fue aprobada en la Comisión de Medio Ambiente del Senado. Posteriormente fue turnada a la Comisión de Estudios Legislativos, ahí se encuentra actualmente y se prevé que sea discutida y aprobada, para después llegar al pleno de la Cámara alta para su votación.