Populismo hasta en Suecia

EL ESPEJO

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Por décadas, el caso de Suecia como paradigma de civilidad, del Estado de bienestar y de las políticas públicas efectivas cuyo ingrediente especial parecía ser su ascendencia nórdica, parecía inalterable. El Estado sueco, en su eterno péndulo entre la socialdemocracia y la derecha, logró transformar a una sociedad que a finales del siglo XIX era pobre y con un fuerte componente rural y la convirtió en un ejemplo de crecimiento económico, derechos igualitarios y modernidad.

A pesar de ello, ni la sociedad sueca ha sido impermeable a la oleada global de desprestigio de la política tradicional y la llegada de nuevos actores con un discurso populista estridente y nacionalista. La entrada de este movimiento a la política sueca inició en 2010, cuando los Demócratas Suecos (SD), un partido de ultraderecha, tuvieron 5.7% de los votos y 20 de los 349 asientos del Riksdag, la legislatura nacional. La nota en ese momento fue casi anecdótica y si bien su llegada a la política era preocupante, su fuerza política era casi testimonial. Ayer se celebraron otras elecciones y el resultado de los Demócratas Suecos ha sorprendido a propios y extraños, ya que triplicó su fuerza: lograron obtener 17.6% de los votos y 63 asientos, convirtiéndose en el tercer partido político más votado. El primer lugar lo obtuvo el Partido Socialdemócrata, con 28.4% de las boletas que, sin embargo, es el peor resultado del partido en los últimos 100 años.

Estos porcentajes del SD no son menores, ya que al ser el sueco un sistema parlamentario, ser el primer lugar de unas elecciones no es suficiente para ganar el poder. Para poder formar un gobierno estable es necesario contar con los votos del 50% más uno de los representantes o arriesgarse a intentar tener un gobierno de minoría alrededor del primer lugar de la elección, pero en un peligro constante de ser destituido ante una oposición mayoritaria. Una tercera fuerza con casi una quinta parte de los votos ha hecho que las posibles coaliciones de centro-izquierda y centro derecha puedan tener sólo 40% de los asientos cada una y tengan que considerar al SD para bien o para mal.

El avance de los partidos políticos que se apalancan en el desprecio a los inmigrantes y el nacionalismo que despotrica en contra de la Unión Europea no es exclusivo de Suecia. Algo similar ha estado sucediendo con otros partidos de la zona: los Verdaderos Finlandeses en Finlandia, el Partido del Progreso en Noruega y el Partido Popular Danés en Dinamarca. En las sociedades nórdicas, romantizadas por la política comparada, el populismo también está comenzando a ganar terreno, mostrando que la fuerza y maleabilidad de su discurso tiene la posibilidad de éxito en cualquier latitud y contexto socioeconómico. El avance populista y su análisis, por mucho tiempo despreciados e infravalorados desde el statu quo montado en buena medida en la arrogancia incapaz de la autocrítica, ya no pueden ser dejados de lado. La marea populista está subiendo en todos lados y tomársela en serio, en muchos casos, está llegando demasiado tarde. 

Leonardo Núñez González

Leonardo Núñez González

Politólogo, internacionalista y maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE. Es profesor del Tecnológico de Monterrey; analista de política internacional y nacional y especialista en temas de gasto público y corrupción. Es investigador en Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y autor del libro "¿Y dónde quedó la bolita? Presupuesto de Egresos ficticio. Cómo el gobierno hace lo que quiere con nuestro dinero".
Leonardo Núñez González

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