Por mi raza (intolerante) hablará el espíritu

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Nada más natural en una sociedad plural que la coexistencia de visiones distintas sobre un mismo hecho. La muerte de Juan Gabriel ha dado mucho qué hablar a los observadores sociales. Sus legiones de admiradores han expresado pesar por su desaparición, ya sea entonando su extenso repertorio en la vía pública, ya sea haciendo guardias en su antiguo domicilio en Ciudad Juárez y en el Palacio de Bellas Artes.

Apenas han transcurrido unos pocos días de su deceso y ha comenzado a crearse una leyenda: sin asistir a una sola Marcha del Orgullo Gay, ni aceptar expresamente tener dicha orientación sexual, su figura está siendo reivindicada como la de un activo luchador de los derechos de las minorías. Igualmente, a pesar de su probada simpatía hacia el PRI, políticos de los demás partidos han intentado usufructuar su figura con ánimo de beneficiarse de la popularidad que el difunto intérprete goza entre el pueblo.

La salida de Nicolás Alvarado de TV UNAM retrata nuestras carencias como sociedad democrática. El 30 de agosto Alvarado expresó en un artículo de opinión las razones por las cuales no es de su agrado la música de Juan Gabriel. Su disidencia del sentir mayoritario se transformó en las redes sociales en un reclamo para promover su salida de la televisora universitaria. La UNAM claudicó ante la presión de las redes y aceptó la renuncia del director de su televisora, al día siguiente de que el controversial artículo fuera publicado.

No es la primera vez que las redes sociales promueven la censura. Ya en febrero del año pasado la adhesión de poco más de cinco mil personas en la plataforma change.org impidió que un museo privado de la Ciudad de México montara la exposición del artista austriaco Hermann Nitsch, sin que el hecho causara demasiada alarma. El caso de Alvarado es más delicado. No sólo evidencia la intolerancia de las redes sociales, sino también involucra a la universidad pública más importante del país. Subrayo que el artículo 7° de la Constitución establece como inviolable la libertad de difundir opiniones a través de cualquier medio, agregando que este derecho no puede restringirse por vías y medios indirectos.

Lejos de ser aliadas naturales de las causas democráticas, las redes sociales, en tanto instrumentos de comunicación, son caja de resonancia de los valores de cada sociedad. Su papel en la salida de Nicolás Alvarado de TV UNAM consistió en amplificar la intolerancia de una mayoría que se sintió agraviada con un artículo que criticaba la música del ídolo popular. El “tribunal” de las redes sociales determinó que la libre expresión de sus ideas era incompatible con el ejercicio de un cargo universitario y decidió acallar al hereje. La UNAM abdicó a su naturaleza universal, en la que tienen cabida todas las expresiones sociales, no únicamente las mayoritarias. En este caso, sobra el Conapred y falta la voz de las organizaciones civiles que reivindican la defensa de la libertad de expresión.

mauricio.ibarra@razon.com.mx
Twitter:
@mauiibarra

Mauricio Ibarra

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Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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