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Águeda Mendoza era abogada y Gabriel Morales era ingeniero topógrafo. Foto: Especial
Águeda Mendoza era abogada y Gabriel Morales era ingeniero topógrafo. Foto: Especial

Abrazados y protegiéndose hasta el último momento, concluyeron su vida como siempre la vivieron: con amor. Luego de tres días de intensa búsqueda tras el sismo del 19 de septiembre de 2017 y siguiendo una señal de vida, un binomio canino encontró al matrimonio Morales-Mendoza entre los escombros del edificio Balsas en Tlalpan y entre ellos, con vida, su mascota.

“Ellos vivían en el primer piso; me cuentan los vecinos que se encontraban ya a cinco metros, pero los perros aún se encontraban adentro y se metieron por ellos en un esfuerzo desesperado; desgraciadamente, ya no alcanzaron a salir. Los encontraron tres días después, abrazados”, narra a La Razón Juan Carlos Morales, sobrino del matrimonio.

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A pesar de que ellos no lograron salir, una de sus mascotas, de nombre Camila, sobrevivió, ya que se formó un triángulo de vida donde el perro se alcanzó a refugiar; su otro perro, Quino, no corrió con la misma suerte y murió.

“Sí se salvó uno de los perros, que ese era el objetivo por el que se metieron, aunque ellos no lo lograron”, explica Morales.

Juan Carlos narró que se enteró de la caída del edificio Balsas por las noticias y por las redes sociales; por ello, de inmediato acudió al sitio para confirmar el colapso del inmueble. Fue también él quien tuvo la encomienda de dar el aviso a sus demás familiares y a la hija del matrimonio, que se encontraba estudiando en la UNAM al ocurrir el sismo.

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Fue un binomio canino el que logró encontrar los cuerpos de Guillermo y Águeda. “Mi tío abrazó a mi tía y mi tía abrazó a un perrito; mi tío hizo como una bolsa de protección para mi tía, a mi tío le cayó la losa encima y esto permitió que se hiciera un triángulo de vida para la perrita Camila, que es la única que pudo salir con vida. Los perros rastreadores olían a la perrita que estaba con vida”, explica.

A un año del sismo, la familia sigue tratando de superarlo; Morales cuenta que el cumpleaños de la hija que dejó el matrimonio fue muy triste sin sus padres, quienes siempre se caracterizaron por ser alegres y la festajaban cada año.

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“Mi tío era topógrafo y mi tía abogada; aún se siente solo el ambiente por su pérdida. Mi prima ha salido adelante porque se quedó en buenas manos, ya que le han brindado todo el apoyo que requiere. Ahorita estudia Diseño Gráfico en la UNAM y no desea dejarlo porque se comprometió con mis tíos a terminar la carrera”, explica Morales.

Gabriel y Águeda fueron sepultados en el panteón Los Cipreses, en el Estado de México, y no hay semana que la familia no vaya a visitarlos. En torno a la casa, aún sigue el proceso jurídico, pues diversas constructoras quieren fincar de nuevo.

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