Presenta Olivares Baró prontuario de textos periodísticos

Plagado de recuerdos, historias, y sobre todo personas entrañables, Un sintagma por aquí, un estribillo por allá, libro del periodista Carlos Olivares Baró, refleja una mirada cercana y personal a la biografía de un hombre que convierte “con la pluma en caliente” la crónica y la entrevista en piezas de la literatura contemporánea.

“A menudo, sus reseñas superan en metáforas, en preocupaciones por la estética de la palabra escrita, a las propias obras que desmenuzan. Él suele confesar que su secreto está en que no se ocupa de los malos libros. Sin embargo yo creo que su éxito está en su singular generosidad de crítico que regala las uvas, la pulpa toda al lector y se queda él con las semillas”, suscribe en el prólogo del libro el escritor Rubén Cortés.

Se trata del tercer libro que el autor publica y el que quizá mejor reseñe la labor periodística que ha desempeñado a lo largo de su carrera entre los lugares que lo llenan de pasiones, libros, música y nostalgias.

“Inicié a escribir cuando tenía 20 años. A nosotros los periodistas no hay personas que nos digan que nos quieren hacer una biografía. Es nuestro trabajo, lo que escribimos diariamente es lo que queda para la posteridad”, aseguró el autor durante la presentación del libro, el sábado pasado, en la Cineteca Nacional.

Una obra impresa a 265 páginas que plasma los andares de un hombre que convirtió su casa de México en un pedazo de Cuba. Una patria que él considera propia y de la que no sólo ha reseñado sus calles sino también sus artistas, sus escritores, su música y sus personajes.

Acompañado de amigos y sus dos hijas, el escritor agradeció la presencia de los asistentes a la presentación de su más reciente cuaderno.

Rodeado de anécdotas, risas y felicitaciones, algunos de sus amigos como el escritor Javier Flores y Rosa Nissán recordaron momentos que vivieron con Baró, tales como la primera vez que se conocieron en la Cineteca donde el autor solía asistir solo a ver películas, recordó Flores, o cuando éste acudía a los talleres de literatura que impartía Nissán, indicó la autora.

La íntima presentación contó con la presencia de personalidades del mundo cultural como Jorge Noriega, Inés Sánchez Guevara, Ernesto Márquez García y Marcela Quintero, quienes elogiaron al escritor cubano por su compilación, la cual, mencionaron, ansiaban desde tiempo atrás.

El narrador se describe así mismo como un especialista en música y literatura. Presume que en su colección hay más de 15 mil discos e innumerables libros.

A Carlitos como le llaman sus amigos no sólo le gusta escribir, también es un amante del baile y asiduo cliente de Mama Rumba. En Un sintagma por aquí, que hace referencia a la primera parte del título del libro, esboza una de sus grandes pasiones, la literatura. En esa escena Olivares Baró se atreve a experimentar con distintas técnicas, incluso desde la voz de un travesti de nombre Karla.

“El director del periódico llegó un día y me dijo que el diario necesitaba una reportera, que escribiera crónicas pero a su vez me dejó ver que yo podía ser esa persona, entonces dije : no hay más, seré yo quien encarne a Karla, y así sucedió me convertí en un personaje travestí”, explicó Baró en entrevista con La Razón.

Karla, el personaje al que el reportero le dio vida, se convirtió durante 20 semanas consecutivas en una reportera encubierta de esta casa editorial. Además de ser una cronista de los bajos mundos.

Carlos
Olivares Baró

Trayectoria: Periodista y escritor. Nació en Guantánamo, Cuba , en 1950. Licenciado en Letras hispánicas por la Universidad de La Habana y Maestro en Lingüística por la UAM, se desempeñó como profesor de Lingüistica y Semiótica. Colaboró con diarios como Reforma, La Jornada, Letras Libres. Columnista del diario La Razón de México.

Mi travestismo, los clientes

Carlos Olivares Baró

Ya pasó la gripe. Estoy como albahaca floreada irradiando el aroma por todos los rincones. Doy envidia por las noches en mis paseos por Tlalpan. Las sexoservidoras heterosexuales se ponen nerviosas cuando paso por sus esquinas: dicen que alboroto a sus clientes. Yo no tengo la culpa de ser así y que me busquen: los coches paran, los tipos miran por la ventanilla: preguntan por la veracruzana: Esa soy yo, Karla, para servirle, ¿qué se les ofrece jóvenes? Miro la estampa de los ocupantes y si no me convencen me hago la desentendida. A veces me escondo o digo que estoy esperando a alguien, y les recomiendo a algunas de las muchachas del cuartel. No me gusta irme así con cualquiera.

Se ha puesto fea la cosa. La rubia imitación Madonna, la de los pelos en los sobacos, la de Monterrey, se fue hace tres días en un coche violeta con cristales polarizados y no ha vuelto. Nadie sabe nada de ella. Ojalá y todo esté bien. A lo mejor se regresó a su tierra. Pero una nunca sabe. Tlalpan no es fácil: hay que saber sobrellevar este trasiego de azares en los bordes de una navaja de doble filo: los clientes mañosos, y los policías que cada vez piden más, di que pa la protección de nosotras.

Sigo impresionada con la cirugía de La Supina, con la vaginoplastia que planea en complicidad con el padre de su novio Vitico: la familia quiere que su retoño amanerado se case de “manera normal”. ¡Ay! Supinita, ¿hasta dónde has llegado? ¿De manera normal?: Me retumban esas palabras bien adentro. ¿Eso quiere decir que tus amigas somos anormales o qué? Soy travesti convencida.

Fragmento de las crónicas de Karla