¿Quién gobierna la UNAM?

La autonomía que la UNAM ganó en 1929 es de cátedra, de presupuesto y de gestión; le dio la capacidad de no depender del gobierno para organizar su investigación científica y la extensión universitaria del conocimiento

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Este sábado, como cada 8 de septiembre, se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización, y le cae a esta columna como anillo al dedo, precisamente para hablar de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México.

El mes pasado, el ranking de QS World University Ranking señaló que la UNAM escaló al lugar 113 entre las 1,000 mejores universidades del mundo, destacando su reputación académica, de empleadores, de alumnos y profesores.

Shanghai Ranking Consultancy, sólo contempla a 5 instituciones iberoamericanas, entre las 300 mejores del planeta, y entre ellas también está la UNAM, como una de las 3 mejores de Latinoamérica.

Pero en su historia, la UNAM también destaca por ser víctima de la violencia con la que ciertos grupos —políticos y delincuenciales— han conseguido desestabilizar la vida académica, con todo lo que ello implica.

El año pasado, Ciudad Universitaria vivió uno de los más violentos de su historia. En mayo de 2017 fue encontrado el cuerpo de Lesby Osorio, cerca del Instituto de Ingeniería, atada a una caseta de teléfono público.

Irresponsablemente, las autoridades se adelantaron a decir que se trataba del suicidio de una joven drogadicta, y 11 meses después, esas mismas autoridades tuvieron que reconocer que estaban frente a un feminicidio.

estudiantes de la UNAM, durante la manifestación del pasado 5 de septiembre en Rectoría.

Un mes después, el estudiante de Odontología, Víctor Orihuela, fue hallado muerto a un costado de la Facultad de Filosofía y Letras. Mucho se especuló acerca de que el joven pudo haber sido víctima del crimen organizado, que opera en la Universidad y hasta la fecha es un caso sin resolver.

En agosto del mismo año, cerca de la Facultad de Medicina fue encontrado el cuerpo de Roberto Malagón, de 20 años, cuyo caso también sigue aún sin resolverse.

En febrero de este año, la venta de drogas en la UNAM provocó una balacera dentro del campus, en la que dos personas perdieron la vida; de acuerdo a la procuraduría y a la propia institución, ninguno de ellos era integrante de la comunidad universitaria.

La presencia de narcomenudistas en las instalaciones de la UNAM es un problema de años, sin resolverse, reconocido por el propio rector Enrique Graue.

La marcha del miércoles pasado —que reunió a estudiantes y trabajadores de preparatorias, CCH, facultades, escuelas nacionales, alumnos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (INAH), de la Universidad Autónoma de México (UAM), la Pedagógica y el Colegio de México (Colmex)—, confirmó el hartazgo de la comunidad estudiantil, pero también la tibieza de las autoridades, las universitarias y las de la justicia capitalina.

Ciertamente, resguardaron el derecho de manifestación de los estudiantes, pero no hicieron nada por impedir el bloqueo de avenidas que fueron tomadas por “anarquistas” con los rostros cubiertos, que esperaban con bats y palos “a los porros para responder por su UNAM en paz”.

La “ocupación” del auditorio Justo Sierra —conocido como “Che Guevara”— desde hace casi 20 años, ha expuesto el problema de gobernabilidad en la máxima casa de estudios, sometiendo la defensa de su autonomía a un debate, más que absurdo, necio.

¡No es tan complicado! La autonomía que la UNAM ganó en 1929 es de cátedra, de presupuesto y de gestión; le dio la capacidad de no depender del gobierno para organizar su investigación científica y la extensión universitaria del conocimiento, más allá de las aulas, a quienes no tuvieran la posibilidad de asistir a escuelas superiores.

La autonomía le da a la Universidad la libertad para expresar la pluralidad de ideas y pensamiento, y eso nada tiene que ver con el ejercicio de la ley y la justicia de los hombres, como debe de ser, más allá de la academia.

No es digno que hoy los estudiantes se manifiesten y exijan respeto, faltando al respeto a su propia educación, yéndose a paro casi 40 escuelas (la mayoría de la UNAM, con la suma del IPN, la UAM y la escuela Carlos Septién), y todo esto en el marco de una transición de gobierno, en la que la UNAM es como la “papa caliente” que nadie quiere tomar en sus manos.

Esteban Moctezuma, futuro secretario de Educación, aseguró que “respeta la capacidad de la UNAM para resolver los problemas que vive”…

¿Cuál capacidad? ¿De resolver qué?… Si los feminicidios, el narco, el falso anarquismo y los paros son ahora los que gobiernan a la máxima casa de estudios. ¡Hay que reconocerlo! por mucho que nos duela.

Mónica Garza
Mónica Garza

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