Ratzinger vigila sucesión desde Castel Gandolfo

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Infografía Carlos López La Razón


Bañado por el lago Albano, a una treintena de kilómetros al sur de Roma, se localiza el palacio de Castel Gandolfo, desde este lugar de veraneo Benedicto XVI sigue paso a paso el proceso de elección del sucesor de Pedro.

Aquí ha transcurrido su estancia entre paseos por sus jardines desde aquel 28 de febrero en que dejó el Vaticano. “Aquí tengo todo, el lago, la montaña y veo el mar”, afirmó Joseph Ratzinger tras tomar posesión del palacio, una frase que el alcalde de la localidad grabó en una placa y colocó en una plaza.

El Papa Emérito ocupa dos plantas que conforman el apartamento papal, que incluye el dormitorio del Pontífice, las habitaciones de los secretarios y las cuatro laicas consagradas que le cuidan —que le acompañarán en esta nueva etapa— y una capilla privada.

El palacio de Castel Gandolfo, propiedad pontifical desde 1596, tiene una situación muy particular. Se construyó inicialmente en una colina de rocas con vistas al lago Albano, pero poco a poco se fue extendiendo hasta convertirse en un auténtico palacio en esta localidad de 9 mil habitantes, inscrita en la lista de los pueblos más bonitos de Italia.

Destaca su ambiente familiar. Para Saverio Petrillo, director de la Villa Pontificia de Castel Gandolfo, “el Papa, que normalmente llegaba en Pascua —este año el 31 de marzo— anticipó su estancia”, lo que en un inicio los tomó con sorpresa, “fue como un rayo en un cielo sereno”, dijo.

“Aquí el Papa reencuentra un ambiente familiar. No hay grandes obras de arte ni grandes salones”, explicó Petrillo, cuando en compañía de los periodistas mostró a un sinfín de pequeños salones de recepción de proporciones modestas, comparados con los grandes espacios del Vaticano.

Los jardines, con innumerables sendas de cipreses y parterres con setos de boj, se prestan a los largos paseos, que sin embargo Benedicto XVI no siempre aprovecha.