Fue bastante desastroso el proceso, las campañas fueron señalamientos cargados de veneno, la división nacional tenía mayor probabilidad de obtener la victoria de la que jamás hubiera tenido la selección nacional en fútbol, el voto de castigo, fue por primera vez en nuestra historia democrática, mayoría. El problema no fue la elección, ni siquiera fue el interregno, fue que el ganador apenas tuvo el 34% de la votación, eso nos terminó de dividir y los siguientes dos años se fueron en intentar consolidar un país tambaleante, que aún sentía el estigma de la conquista grabada en el alma, que aún no sabía ganar, donde era más sencillo echar culpas al cielo que, asumirlas desde dentro.

Dos años de acusaciones, de enfrentamientos y acusaciones que nos llevaron al borde de un levantamiento armado, en el que caímos en una crisis como las de antaño aunque esto fuera por motivos externos, en fin, dos años en la que nos dimos cuenta de que no podíamos esperar sentados la lluvia de limones para hacer la limonada.

Hasta que al fin, tanto atole con el dedo nos empachó y decidimos cerrar la boca, negar con la cabeza y salimos a las calles con una palabra en los labios… referendo.

Los opositores creyendo lucrar con nuestro descontento apoyaron la solicitud, creían que, como históricamente había sucedido, los intereses personales desdibujarían el reclamo, que terminaríamos alineados o enfrentados como pasaba constantemente, es más, muchos de nosotros creímos que sucedería, así que nos opusimos en un inicio pero, la mayoría del congreso apoyando era tentador y sí, fuimos tentados.

El referendo se haría y aunque fue una gran victoria no supimos que hacer con ella, hasta que llegó Juan. Levantó la mano de manera firme para pedir la palabra, ese simple gesto calló la mayoría de los gritos, un gesto que todos hicimos en nuestra infancia y que era tan anacrónico en la sala que no pudimos más que cederle la palabra mientras algunos reíamos por lo bajo. Sonrío y recuerdo bien la palmada que me dio en la espalda al pasar como si fuéramos camaradas aunque nunca, hasta ese momento, lo había visto.

Caminó a la mesa encima del escenario del auditorio mientras rebuscaba en un morral de piel. La representación proporcional del referendo, los líderes del movimiento estaban igual o más asombrados que nosotros, primero por el silencio después de horas de cacofonía y gritos y después porque un hombrecillo de lentes, con una panza redondeada y de incipiente calva pudiera caminar sonriente entre la gente y que le abrieran paso, no obstante, se suponía que todos éramos iguales así que la persona que en ese momento discursaba sobre cómo debíamos aprovechar el momento y devolverle a la gente el poder perdiendo el hilo mientras interrumpía su discurso cada dos por tres con un “calma compañeros”, pareciendo aliviado, cedió los micrófonos.

Ilustración Norberto Carrasco

Bajó el micrófono y cuando no bajó más buscó hacia un lado y hacia el otro hasta que encontró, la tarima para subirse, fue a buscarla entre risas de los asistentes y cuando lo puso para llegar al micrófono también rió -Disculpen mi enanez pero así, jamás pierdo piso.- Sonrío una vez más, tomó un sorbo de agua del vaso que no era suyo pero que le servía y una gran bocanada de aire. Para ese momento estábamos en silencio, después de horas sin llegar a ninguna decisión mientras hablábamos y hablábamos sin parar, ese momento de genuina risa, nos había limpiado.

-Soy Juan, soy maestro que, debería estar jubilado pero, nunca he tomado mi trabajo como fuente de ingreso y sí, como fuente de la eterna juventud, verán, eso de hablar con los chamacos es una maravilla pero, supongo que no quieren hablar de eso y si hacerlo de cómo cambiaremos al mundo. Pues bien, antes que nada hay que reconocer que somos un pueblo que no ha superado el haber sido vencidos, una y otra, y otra vez, uno en el que conviven dos realidades rayando el la bipolaridad, somos un pueblo que se mete el pie a cada momento y sobaja a sus compatriotas pero que grita de indignación cuando alguien fuera de nuestras fronteras nos dice la verdad. Es más, en este momento en el que les estoy hablando, dejaron de escucharme cuando les dije que no hemos superado el ser vencidos, están rumiando su coraje pero dentro de ustedes saben que es cierto. Somos héroes y villanos y créanme, no hay nada malo en eso, somos humanos, somos perfectibles pero, lo que se está hablando aquí es de tomar el poder, es decir, hacer lo mismo de siempre, lo hicimos en la independencia, en la revolución y ahora, nuevamente, queremos hacer lo mismo pero obtener un resultado diferente. No, así no se puede.-

Estábamos callados e interesados, nadie se atrevía a externas lo que todos pensábamos, sí, estábamos hartos, sí, habíamos sufrido una decepción sexenal más, sí, por omisión era más culpa nuestra que de la viciada clase política. Sabíamos que queríamos cambiar pero no teníamos idea de quién, cómo, cuándo y dónde. Escuchar a Juan, al profesor, era una forma de canalizar nuestra parálisis por análisis.

-Como historiador he estudiado esto muchas veces, en especial en nuestro país y es justo nuestra riqueza y diversidad cultural junto con la traición de nosotros mismos contra nosotros mismos para ser conquistados lo que ha impedido aglutinarnos en una sola idea de nación y no sólo la mayoría no lo ha visto sino que los que lo han hecho, lo ven como problema. La cuestión es, que los problemas son laberintos de enormes paredes y recovecos oscuros sin salida, a menos que, lo veamos desde arriba y entonces no sólo veremos la salida, sino un bello dibujo geométrico. Así es compañeros, debemos dejar de pensar en ahogarnos en el vaso de agua y empezar a beber el agua hasta vaciarlo y luego, salir de él.-

-¿Pero cómo?- Se escuchó al fondo. Todos queríamos saberlo, era la pregunta que rondaba en nuestras cabezas.

-¡Ah! ¡Al fin! Es simple,si no podemos aglutinar el norte con el sur porque tenemos diferente idiosincrasia, clima, nivel de industrialización y hasta algo tan marcado como el acento, no lo hacemos, nos unimos por regiones, eliminamos los congresos locales y usamos todos la misma legislación, en lugar de tener ingentes cantidades de diputados locales y federales tendremos 128 en total, en lugar de “unirse” por bancadas partidistas, lo harán en bancadas regionales, 4 grandes regiones conformadas por 8 estados y el Senado será de 32 representantes, uno por estado. El ejecutivo permanecerá en el centro, el legislativo estará en el norte y el judicial en el sur. Si el problema de nuestro país han sido los intereses personales por encima del bien de la mayoría, de gobernadores que creen que sus estados son su caja chica y su patio de juegos, de legisladores que no tienen ni la más mínima idea de lo que significa “ley” y de un poder judicial que no es libre e independiente, no podemos esperar que el ejecutivo sea la panacea o los nueve círculos infernales. Es, como se habrán dado cuenta, responsabilidad de nosotros, durante mucho tiempo estuvieron usándonos y. nosotros fuimos complacientes para no salir de nuestra zona de confort, ahora tenemos la posibilidad de cambiar y no tenemos idea de cómo hacerlo. Pues bien, esto que les dije, permitirá a los estados de las regiones coordinarse, buscar su vocación productiva, sin duplicarla, diversificaremos nuestra producción, generaremos empleo, riqueza y sinergia, los diputados cabildearán para la obtención de recursos como un bloque, los senadores revisarán, ajustarán y propondrán mejoras a lo hecho en la otra cámara y lo harán como un solo bloque, el legislativo se especializará en acuerdos beneficiosos para la población, el judicial pondrá y mantendrá las reglas y no sólo estará a cargo del sistema judicial sino de la fuerza pública, el ejército seguirá las órdenes del ejecutivo pero bajo la aprobación del Congreso así que quien sea el “primero en ser mandado” se dedicará a coordinar acuerdos de las 4 regiones y a representarnos en lo internacional. Quizá no sea suficiente esto pero, les aseguro, que esto solo funcionará si terminamos nuestra evolución de sociedad a ciudadanía pues, aún con el refrendo, no podemos contratar y desentendernos, ya debemos dejar de buscar culpables y tomar acciones palpables, dejar de preocuparnos y ocuparnos… ¡El momento es ahora!-

Bajó del escenario y caminó ante el silencio de los asistentes, no sería todo lo que necesitáramos, seguro habrían fallos a corregir, quizá nos equivocaríamos en el camino pero en algo tenía razón el profesor, debíamos hacer algo diferente, debíamos evitar caer en el conformismo y en el “así son las cosas aquí”, “el que no transa no avanza”, “no me des, ponme donde hay”. Fui el primero en aplaudir y después, el auditorio tronó. El referendo se pondría en marcha y los políticos que nos habían brindado su apoyo, no sabían que si el tiempo es ahora… Su tiempo, acababa de terminar.

Juan Moctezuma salió del auditorio, su familia había llevado una espina clavada en el alma desde que su antepasado, había dejado que su superstición nublara su razón, pues si bien, la cortesía era dada a visitantes, la cortesía no se pagaba con traición. Durante mucho tiempo, habían buscado reparar ese daño hecho, primero en la independencia, luego en la revolución, en ambos casos, habían fallado pues su mácula del haber permitido la derrota, se había extendido en la psique de su pueblo, no más, este era el momento en que tal vez, su familia rectificaría su error y quizá, su hijo, no tendría que pasar por la historia real y morderse la lengua ante la historia contada por los vencedores, tal vez no tendría que dejar su heroico romanticismo por el pragmatismo del superviviente. Sí, tal vez hacer las cosas diferentes nos regresara al punto de partida donde podríamos aprender… A no depender.

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