Regresará el día del informe

SOBRE LA MARCHA

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La era de hacer programas de televisión con público y transmitirlo en vivo, desde el patio central de Palacio Nacional, llamándole “mensaje con motivo del N informe de gobierno”, ha llegado a su fin.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, la modalidad se fue perfeccionando: invitados y escenografía, militares, marinos, embajadores, comunidades autóctonas, gobernadores, empresarios, deportistas y comunicadores conformaron un telón de fondo seguro, amable y predecible.

En los últimos dos sexenios, cada vez más los presidentes se respaldaron en videos que narran e ilustran, de manera aspiracional, una realidad menos brillante o espectacular. Tanta producción terminó por hacer light lo que debería pesar al ser explicado, cuestionado o celebrado.

La polarización de la vida político-partidista, acentuada desde 2006, redujo los informes de gobierno a la entrega formal, por parte del secretario de Gobernación a una comisión del Congreso, del documento, su resumen ejecutivo y anexos técnicos. Rendición de cuentas tan demandada como ignorada.

La glosa del informe y las comparecencias del gabinete ante Comisiones o Pleno del Congreso se diluyeron, al grado de no importarles mucho a nadie. Desplantes e insultos se han incorporado a un circo aburrido, predecible, donde la cuestión sustantiva se oculta tras las fobias y filias de quienes protagonizan un supuesto diálogo republicano.

Con el arribo al poder de Andrés Manuel López Obrador y el retorno, al punto de partida tras tantas batallas democráticas, de un sexenio de mayoría pro-gobierno en el Congreso hará que los informes de gobierno regresen a San Lázaro, veamos menos show y más contenido, debate y diálogo entre poderes.

El tiempo de las icónicas y pesadas palabras: “Honorable Congreso de la Unión” dichas por el presidente al presentar su informe anual de gobierno, regresarán.

Las fracciones legislativas de la atomizada oposición quizá no insulten o intenten tomar la tribuna antes del 1 de septiembre; quizá las discusiones, preguntas y hasta posicionamientos logren recuperar algo del protagonismo perdido.

Menos cámaras y luces, más acción en un gobierno que tendrá que informar y explicar muchos virajes y sus resultados. A más expectativas, mayor interés por saber si las cuentas cuadraron, si los ahorros se alcanzaron y con ellos, la justicia social creció, los costos y beneficios de una transformación que promete no ser cosmética.

En su primer informe de gobierno, López Obrador podrá decir cuántas Secretarías de Estado se mudaron y cómo miles de burócratas alcanzaron a hacer las maletas y ajustes de familia que, por ejemplo, Tatiana Clouthier no pudo.

O en qué acabó el nuevo aeropuerto, si su propuesta de construir dos pistas en la base militar de Santa Lucía y conservar la saturada terminal actual, imperó o el desarrollo del costoso proyecto en Texcoco resultó mejor. Y si el Tren Maya será realidad, sin consulta popular. Los informes de gobierno volverán para quedarse.

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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