Retratos de México triunfan en Festival de Cine de Guadalajara

La edición 32 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, uno de los más longevos de nuestro país llega a su fin tras varias jornadas que han confirmado que el cambio de sede realizado a partir del pasado 2016, cuando dejaron el estilo Expo, que no hacía sino despojarle de cierta identidad —pues estando ahí poco se disfrutaba de la ciudad—, para aprovechar la belleza sofisticada del MUSA y el encanto clásico del Cine Foro, fue una buena decisión.

Estos dos espacios —más algunas otras sedes alternas como el Cine Diana—, resultaron perfectos para el encuentro entre especialistas y público en general, que más allá de inconvenientes, como el que Diego Luna cancelara su visita para una proyección especial de la reciente película Rogue One, disfrutaron de toda clase de actividades relacionadas con el séptimo arte.

Desde presentaciones de libros como Miradas al Cine Mexicano, de Aurelio de los Reyes, hasta las llamadas master class impartidas por invitados internacionales como Willem Dafoe.

Pero sin duda, al margen del merecido protagonismo que cobraron documentales como La Libertad del Diablo —de Everardo González—, reconocido con el premio Guerrero, y el emotivo Etiqueta no Rigurosa —sobre el matrimonio gay en Mexical—, fueron las películas mexicanas de ficción las que reclamaron con justa razón, su respectivo espacio a través de títulos como la excelente Sueño en Otro Idioma—también galardonada con el Guerrero de la Prensa— y dos más que apostaron por recuperar parte de la cultura pop de un México prácticamente extinto.

La primera de ellas es Los Crímenes del Mar del Norte, una pieza que al estilo del cine negro narra las atrocidades realizadas a mediados del siglo pasado, por el criminal Gregorio el Goyo Cárdenas. Destaca lo inquietante de las atmósferas, lo sofisticado del montaje y la forma en que el director José Buil enfatiza el fenómeno mediático y la tendencia social de convertir en celebridades a los asesinos seriales. Filmada a blanco y negro y protagonizada entre otros actores por Gabino Rodríguez, resulta además un interesante retrato del peso y función de la nota roja.

La segunda y quizás una de las más interesantes, fue El Peluquero Romántico, una comedia que rinde tributo al México análogo con sus consolas, acetatos y películas en televisores que usaban cinescopios. Una encantadora producción que refresca el panorama nacional, con una historia ligera pero entrañable, de desarrollo sutil y humor fresco, lejos de las propuestas de fórmula, artificiosas y sin identidad que hoy pululan en la cartelera nacional.

Finalmente hay que mencionar el apartado relacionado con los cortometrajes, entre los que destacó Julkita, una estridente y excesiva revisión de la estigmatización femenina, de buena manufactura y con divertidas referencias a la cultura pop, dirigida por el actor Humberto Busto.

Es así como, sin demeritar la presentación de producciones extranjeras como la conmovedora e imperdible historia de amor entre rejas, venida de República Dominicana, Carpinteros, o la película del director de culto Alex de la Iglesia, El Bar, fue el cine mexicano quien se posicionó como el gran atractivo y además de mostrar un buen estado de salud, al menos en cuanto a propuestas, dejó en claro que el problema sigue siendo la distribución.

Cine de talla mundial

  • Jóvenes promesas y directores ya consolidados presentaron sus más recientes trabajos.
  • 21 películas
    mexicanas compitieron por el premio Mezcal.
  • Se presentaron 4 óperas primas, entre ellas Mientras se espera
    Se mostraron.
  • 18 producciones de ficción
    Participaron cintas de Brasil, Chile, Colombia, Cuba y España.