Se lleva Martín Del Potro el US Open

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Por Héctor León

Su majestad Roger Federer (No. 1 ATP) pasó sobre Robredo caminando; sobre Soderling reeditando la final del Roland Garros, con algo de dificultad, más por hartazgo que por el buen tenis de quien tiene la histórica marca de haber perdido 12 partidas al hilo contra Federer. Y en semifinales, sobre uno de sus rivales acostumbrados Djokovic.

Juan Martín Del Potro (no. 6 ATP) pasó sobre Ferrero, Cilic, y le dio una lección de tenis a un Rafael Nadal lastimado, al llegar en su mejor momento y al partido de su vida ante Federer: arañando su primer Gran Slam.

Este émulo del gran Guillermo Vilas (esa gran pirámide del tenis argentino) ponía su nombre en alto, pues desde 1977 no figuraba ningún latino en una final del US Open. Ahora, en el marco del homenaje que le rindió la organización al latino Pancho Rosales –que hace 60 años ganó este torneo-, llegaba otro latino: Del Potro a su primera final.

Jugar ante Roger Federer es jugar contra una pared que retorna a las esquinas a 200 km/h, que nunca deja suelta una pelota y que a los tiros errados no los conoce. A minutos de la majestuosa apertura con alfombra roja, Federer empezaba con una obra de arte en la raqueta para poner un 3-0, a un Del Potro obnubilado por los nervios y la sensación de no creer estar ante su majestad jugando la final.

Pero, era el principio de la noche en Manhattan. La cancha dura, especialidad de ambos, es tan rápida que sólo los maestros pueden contener un peloteo arduo y certero, al final, el golpe cansado diagnostica error. Federer lo sabe, Del potro, cuenta con su altura para meterla en momentos críticos.

Efectividad contra psicología triunfadora. Otra clave más, quien rompe el servicio del oponente se pone por delante. Lo que desean los aficionados de la era Federer es que alguien discuta con buen tenis los argumentos ante el rey y que el partido llegue a cinco sets.

Del surgimiento de los grandes está hecho este deporte. Todo empezaba con 4-2, para Federer. Del Potro, comenzaba a argumentar antes del primer set point en contra. Caía un 6-3, para Federer.

¡No te derrotes antes!, gritan los pibes al chaval. Federer ríe cuando hace una pirueta pasando la raqueta por su espalda, ríe cuando acierta; pero serio, sin descuidar al contrincante.

Respondía Del Potro con un Tiebreak, en el segundo set. Comprometido con su saque “la torre de Tandil” empezaba a soñar al ganar el segundo set, y con él los comentaristas de ESPN que jugaban su juego argentino. Pero caían junto con Del Potro en el tercer set, con berrinche de Federer, que le espetó al manager: “No me vengas a enseñar las putas reglas”, cuando Del Potro pidió un Challenger a destiempo.

La maquinaria suiza avanzaba puntualmente digital. Punto a punto. Con slides y drives certeros: fijos. Del Potro luchaba como guerrero en la pampa. El tiempo del tenis termina cuando el triunfo aparece a la par de los seguidos quiebres, break point; de los anhelados set point, el inevitable tiebrack, y del soñado: Match Point. No hay más. La corona después de un 6-3, 6-7, 6-4, 6-7 y 2-6. Ganó Del Potro.

fdm

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