¿Se puede celebrar?

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Es probable que el “misión cumplida” del Presidente sobre la recaptura de Joaquín Guzmán Loera no fuera expresado como si se hubiera resuelto el problema del narcotráfico o algo semejante. Parecería que el “misión cumplida” estaba en línea con la detención del capo después de su vergonzosa fuga.

La expresión no fue la mejor. Las críticas sobre ello van desde que al Presidente difícilmente se le reconocen logros hasta que su tuit se podía interpretar como si se hubiera llegado al fin de una etapa, lo cual dista mucho de ser así.

La recaptura no es ningún logro como para presumir, era una obligación en función de lo que había sucedido. La incertidumbre sobre lo que puede pasar en el Altiplano con El Chapo no tiene que ver con rejas o cirugías, sino más bien con la latente posibilidad de que los hombres y las mujeres que lo dirigen, a lo que se suman las instancias de gobierno, sean susceptibles de ser corrompidos, ya sea por la máxima de plata o plomo o porque así lo deciden.

¿Hay algo que celebrar? No hay espacio para ello. La asignatura pendiente era mayúscula ante el país y ante el mundo. El gobierno terminó por hacer de manera acuciosa su deber, pero no olvidar que fue un hecho vergonzoso y lamentable.

El estado de las cosas continúa al límite. Al día siguiente de la recaptura de El Chapo secuestraron a 22 personas en Guerrero, 17 en Arcelia, las cuales iban a una boda, y a 5 maestros en Ajuchi-tlán. Poco se sabe de no ser por la hipótesis que ayer nos planteaba el gobernador Astudillo, en el sentido de que los hechos muy probablemente están interrelacionados entre sí. Los sucesos, nos dijo, tienen que ver con una feroz batalla entre bandas, las cuales “se están llevando en el camino a gente inocente”.

La recaptura le da margen de maniobra al Presidente, la cual debe saber aprovechar. La mesura debe ser una aliada porque si bien El Chapo está de nuevo en la cárcel no hay indicios de que se haya tocado su estructura financiera y criminal. Cuando se ataquen estas áreas y se conozca quiénes son sus aliados y socios, tanto en el sector privado como en el gobierno, se podrá celebrar, al menos, que se ha desarticulado al cártel.

De otra manera es evidente que los hijos de Guzmán Loera están al acecho, quieren encabezar el cártel y sobre todo tienen sed de venganza.

 RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

Investigamos seis meses y corroboramos que la reunión entre Sean Penn, Kate y El Chapo había sido en una reserva ecológica de la UAS, no íbamos a publicar algo que no teníamos amarrado: Cristian Díaz, RíoDoce.

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Javier Solórzano Zinser
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