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La Cuadra (fondo) intervenida con una pieza de Scully. Foto: Especial

La Cuadra San Cristóbal, creada por Luis Barragán, permaneció cerrada al público más de 50 años. El espacio, ejemplo de lo que el mexicano denominaba “arquitectura emocional”, resguarda desde hace décadas la intimidad de la familia Folke Egerstrom y otras dos obras del mexicano: La casa Egerstrom y La fuente de los amantes, un complejo con el Sean Scully, uno de los artistas abstractos  más importantes de los últimos tiempos, plantea un diálogo a través de una intervención con 18 piezas de su autoría.

Sean Scully-San Cristóbal, es la muestra con la que el estadounidense interviene La cuadra, el icónico monumento modernista de Luis Barragán, ubicado en el municipio de Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México.

El artista abstracto consideró que en países como Brasil, el arte abstracto es muy fuerte, pero que en Mexico predomina lo conceptual.

  • El Dato: Scully se interesa por profundizar en la humanización de la pintura, desde una oposición a los parámetros formalistas.

“No sé qué pasa, no soy mexicano y lo he notado; mi ambición es juntar al mundo, producir una obra de arte que todo el mundo pueda compartir y entender”, expresó el artista.

Nominado dos veces al Premio Turner, en 1989 y 1993, consideró que México se caracteriza por su arquitectura, “pero va a la par de su hermano la pintura”.

Por primera vez, La cuadra San Cristóbal, de Luis Barragán, construida entre 1966 y 1968, funge como telón ideal para exponer 15 obras y tres esculturas, hasta el 24 de marzo.

Curada por Oscar Humphries con el apoyo de la galería inglesa Blain Southern, la exposición presenta pinturas en aluminio y cobre, en los espacios interiores del complejo, incluidas las caballerizas y en los terrenos exteriores, las recientes esculturas de Scully hechas sobre metal pintado, incluyendo la conocida Boxes of Air.

“La idea es juntar la misma cosa, pero mostrando la diferencia al mismo tiempo, porque las diferencias existen. Mi obra es melancólica, sensual, esta más conectada a la tradición del arte romántico, pero tiene la influencia de México.

“Tengo mucha relación con este país, pero en mi obra hay mucha sensualidad y cuerpo, mientras que los colores de Luis Barragán son mucho más abiertos”, dijo el artista.

Fue Mathias Goeritz el primero en utilizar el término “arquitectura emocional” respecto al trabajo de Barragán; la abstracción de Scully es profundamente emocional, la cual fue evolucionando desde los 70 hasta convertirse en algo conmovedor y más humano.

Tanto el trabajo de Scully como el de Barragán derivan, en parte, de los primeros modernistas: Mondrian y Le Corbusier.

Y así es como Scully, desde la perspectiva de un artista, y Barragán como arquitecto, disolvieron las viejas etiquetas, encontrando una interacción totalmente individual y contemporánea de lo que la arquitectura moderna y la pintura abstracta pueden ser.

La obra de Scully como un escenario revelará el arte histórico y los orígenes arquitectónicos de la práctica contemporánea del propio Scully, creando una yuxtaposición que es a la vez contraria y comprensiva.

Esta intervención delicada, realizada con la consulta de la familia Egerstrom arrojará nueva luz sobre este conocido monumento y agregará una nueva y poderosa perspectiva al trabajo de este artista contemporáneo que busca impulsar el arte abstracto en México.

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