Seis minutos y medio con González Iñárritu (Carne y arena)

QUEBRADERO

Sásabe, Sonora, frontera con Arizona, se convirtió hace algunos años en uno de los lugares más socorridos por los migrantes para iniciar la parte final de su viaje hacia el llamado sueño americano.

La pequeña población es una suerte de última estación antes del “intento final”. Pequeños hoteles albergan a migrantes quienes se hospedan en pequeños cuartos que terminan por ser desgastantes y riesgosos. Se vive en espera de que los polleros den el banderazo de salida. En la espera no se tiene la menor idea de lo que se está a punto de vivir, por más que otros migrantes les hayan contado sus experiencias; en esa frontera empieza el desierto de Arizona.

Los migrantes deambulan por Sásabe mientras llega el “momento”. Intuyen lo que viene, se arman de comida y de todo aquello que recuerdan de las experiencias de otros.

Le cuento esto porque después de ver el excepcional trabajo de Alejandro González Iñárritu, Carne y arena, “virtualmente presente, físicamente invisible” Museo de la UNAM en Tlatelolco, tenemos más elementos para entender y vivir, a través de su trabajo, por lo que los migrantes pasan después de estar en lugares como Sásabe. Lo que los migrantes viven en su recorrido por territorio mexicano es brutal, y cuando cruzan la frontera entran en lo que con razón González Iñárritu llama la “pesadilla americana”. Los polleros los agreden, los sobajan, les mienten y además les sacan el dinero en complicidad total con las autoridades de EU.

El destacado cineasta mexicano, “tengo la residencia pero no me interesa la doble nacionalidad”, muestra de nuevo su imaginación y ahora la pone al servicio de la experiencia que viven los migrantes. A lo largo de seis minutos y medio a través de la realidad virtual, la cual rodea auténticamente al espectador, nos ofrece una extraordinaria recreación por lo que pasa con un grupo de migrantes entre perros, Patrulla Fronteriza, helicópteros en medio de la agresión, violencia de toda índole y la intimidación en medio de un proceso de interacción colectiva.

Son seis minutos y medio en que no hay descanso para el espectador- actor. Para el público puede terminar por ser un trabajo excepcional con base en hechos no conocidos que llevan a una toma de conciencia, presentados de manera profunda y espectacular, en tanto que para los migrantes es un capítulo más en la cotidianeidad de sus vidas. Es una experiencia individual, pasa uno por uno y además se le pide que se quite los zapatos y calcetines para sentir directamente la arena del desierto.

González Iñárritu confirma con Carne y arena que no le importa que el público se intimide, moleste o atemorice. Lo que le importa es contar sus historias, las cuales están entre nosotros. “Hay que entendernos para amarnos”, nos dice una y otra vez.
No la deje pasar…

RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

  • Es importante recordar que el IFT es un órgano autónomo, toma decisiones para empresas y emite regulaciones. El Senado no atendió los tiempos para la designación del nuevo presidente o la ratificación del que estaba. La consejera Adriana Labardini es por ahora la presidenta, el instituto está en buenas manos. Al no definirse el Senado creo que pudo haber lanzado una advertencia a Gabriel Contreras por decisiones que había tomado. Cabe que los críticos del IFT quieran atomizarlo y disminuirlo: Irene Levy, presidenta Observatel, UIA.
  • Van 10 años del secuestro y el asesinato de mi hijita y sólo hay un sentenciado. Me duele recordar lo que pasó, pero no quiero que quede impune. En este secuestro hay mucha gente que sabe a detalle lo que sucedió, pero la autoridad judicial no ha hecho nada; son incapacidad e impunidad.
    Era el chofer de mi casa el que dijo “Vargas nos va a dar la lana”. Voy a seguir porque tengo respeto por mi familia, la sociedad y los medios de comunicación. No puedo creer que estando tanta gente involucrada no les hagan nada: Nelson Vargas, empresario.
Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

Latest posts by Javier Solórzano Zinser (see all)