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Foto: Especial
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El escorpión se marea y no por pender oscilante de la viga del techo, sino por tanto leer sobre las resistencias, de todo tipo y en todos los ámbitos, al lenguaje inclusivo. Si la Real Academia Española se opone a redactar de forma inclusiva la Constitución de ese país, alegando cuestiones de corrección gramatical, el alacrán ve en ello apenas un síntoma de cómo en otros espacios de la sociedad española también se invisibiliza a las mujeres, los delitos cometidos contra ellas y su lucha contra el hostigamiento sexual y laboral, la violencia doméstica, el feminicidio y la extendida inequidad de género en esa sociedad.

Esa realidad se hizo patente en el indignante caso de la violación tumultuaria de una chica en Pamplona, realizada por un grupo de muchachos ahora conocido como “la manada”. Un delito del cual quedaron impunes gracias a resoluciones judiciales cargadas de sexismo, lo cual sentó un precedente grave expresado en el letrero de moda sobre las camisetas masculinas de algunos españoles: “Hoy follamos… y mañana a juicio”.

De este lado del Atlántico, como es bien sabido, no cantamos mal las rancheras, sobre todo si son misóginas y violentas. Intelectuales y académicos se oponen aún al lenguaje inclusivo y reiteran con necedad que los plurales en masculino “ya incluyen a las mujeres”, aunque no se les nombre. Las burlas también son cosa de todos los días (“Los burlos de todos los díos”) y buscan invalidar la utilización de la arroba y la x utilizadas para incluir a tod@s y a todxs en textos de afanes inclusivos.

El asunto sería divertido si México no fuera un país conocido en el mundo entero por sus miles de feminicidios impunes.

El asunto sería divertido si México no fuera un país conocido en el mundo entero por sus miles de feminicidios impunes desde principios de los años noventa en Ciudad Juárez, hasta los de años recientes en el estado de México, entidad con las cifras más elevadas de asesinatos y desapariciones de mujeres.

Por todo ello, el arácnido insiste en la misoginia de El Colegio Nacional y su grupo de encumbrados con salario vitalicio. El asunto no es menor, simboliza no sólo la invisibilización de las mujeres, sino también la de los cuantiosos recursos repartidos entre los miembros de tan distinguido club de hombres. Sus integrantes han respondido con toda clase de evasivas e incluso, desde el año pasado, prometieron realizar una reunión plenaria para discutir el tema (el cual pensaban seguramente zanjar con la nominación de dos o tres mujeres más para su cuerpo colegiado); no obstante, hoy parecen más dispuestos a terminar el sexenio sin hacer olas en tan prestigiado oasis.

Pero el lenguaje inclusivo ha estado aquí desde hace mucho de una forma usual y común, reitera el venenoso, en la clásica (e inclusiva) frase de “Señoras y señores….”.

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