Sesenta años de labor editorial

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Por Adolfo Castañón

I

Si México no es un país sino un continente, esto significa que cada uno de los estados que arman la República Mexicana es un país. Esta idea tiene particular relieve en el caso del estado de Veracruz, tierra mexicana desde donde por primera vez fueron avistadas las naves españolas por los risueños totonacas súbditos del cacique de Cempoala desde las alturas de Quiahuixtlán. Los magos a los que Octavio Paz dedicó un hermoso ensayo, “Risa y penitencia”, publicado por la Universidad Veracruzana (UV) en 1962.1 En Veracruz alzó en la Antigua su primera residencia Hernán Cortés, por ese puerto pasaron los virreyes y los soldados, por ahí llegaron Maximiliano y Carlota, ahí nació Salvador Díaz Mirón y ahí florecieron los primeros periódicos y casas de impresión, ahí también se abrieron teatros, hoteles y aun cárceles como el lúgubre castillo de San Juan de Ulúa. Es natural que la capital de este estado, Xalapa o Jalapa, ciudad enclavada en las montañas que la resguardan haya sido desde tempranas fechas asiento de un conspicuo desarrollo cultural y artístico. Si Veracruz puede ser un país, Xalapa puede aspirar a ser una noble ciudadela cosmopolita donde conviven a la par especies botánicas distintas y formas de la convivencia peculiares de otras regiones de América. Es fama que cuando Gabriel García Márquez llegó a México el 2 de julio de 1961, día en que se suicidó Ernest Hemingway, su amigo Álvaro Mutis que había llegado antes se lo llevó de inmediato a Xalapa pues esta ciudad podría hermanarse en el clima con las colombianas Medellín y Cali y gracias a ella el Gabo podía respirar a sus tropicales anchas. Sí, a García Márquez
le gustó tanto la tierra veracruzana que le costó trabajo regresar al altiplano y acaso fue una de las razones que lo decidieron a publicar al año siguiente, pocos meses después, Los funerales de la mamá grande (1962) con el sello de la Editorial de la Universidad Veracruzana. Quizá además de la cadena amistosa que iba de Sergio Galindo, “uno de los mejores lectores de novela en su generación” (Eduardo Mejía) y pasaba por Álvaro Mutis se dio una cercanía entre el noble futuro Nobel y ciertas afinidades meteorológicas.

 
II

El templo de Palas Atenea que domina Atenas es el más hermoso de todos los templos de Grecia, según recuerda Friedrich Nietzsche. Fue erigido en el mejor lugar donde se domina la tierra firme, la Acrópolis y el mar. Construido con los mejores materiales, diseñado por los mejores arquitectos, fabricado no por esclavos sino por voluntarios y alzado a la luz en la hora más propicia según los augurios. La fundación de la Editorial de la Universidad Veracruzana obedeció pautas parecidas en el orden político, cultural y civil. Está destinada a encarnar, a consolidar y encuadernar las notas más altas. Los bemoles y los sostenidos, los timbres más raros no solamente del estado llamado Veracruz sino acaso los de la nave o arca mexicana de la cual es como una miniatura o modelo a escala, un juguete, si se quiere, un tablero armado a la medida humana, de la misma manera que las hospitalarias pirámides y el juego de pelota del Tajín están hechos para abrigar a seres de este mundo capaces de pensar otros mundos: magos de la risa y de la penitencia.

 
III

Al igual que una ciudad, una editorial se ha de fundar en un terreno propicio. De la claridad mental de sus fundadores, se derivará la elegancia y la condición habitable de su traza urbana. Igual que una ciudad, una editorial no sólo se planta en una geografía o solar particular sino también en el marco y paisaje de una historia. Si para una persona, seis décadas pueden ser una vida, para una editorial doce lustros son relativamente pocos, si se tiene en cuenta que casas editoriales como las de Oxford, Salamanca o Fermin Didot, Elzevir, en Inglaterra, España, Francia y Holanda pueden tener varios siglos de fundadas. Al escoger un terreno para levantar una casa, hay que tener además cierta idea de lo que será la construcción. Además quienes aspiran a construirla, deben elegir bien a los encargados de levantarla, a los arquitectos, ingenieros, maestros de obra… La Editorial de la Universidad Veracruzana fue fundada en 1957 bajo la rectoría del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, quien designó al escritor Sergio Galindo como director responsable del departamento editorial. Galindo había nacido en 1926 y tenía entonces treinta años, ya era conocido por un libro de cuentos, La máquina vacía (1951) y tenía en el horno varios libros que lo acreditarían como uno de los narradores más sólidos de su generación, como Polvos de arroz (1958), La justicia de enero (1959), El bordo (1960), entre los más notables de esa primera época. El rector Gonzalo Aguirre Beltrán, nacido en 1908, era para entonces un investigador y antropólogo acreditado por sus estudios en torno a la cultura negra en México y por sus investigaciones como indigenista y haría de la Universidad durante su rectoría entre 1956 y 1963 un baluarte de la alta cultura y de la excelencia de las humanidades en México. En ese año de 1958 estaba por terminar la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines, silencioso y eficaz político veracruzano bajo cuyo mandato el Congreso aprobó el voto de la mujer y se consolidaron los proyectos educativos y culturales heredados por otro veracruzano, Miguel Alemán. A Ruiz Cortines le tocaría inaugurar en 1954 la sede del Fondo de Cultura Económica, en el veinte aniversario de su fundación. Aguirre Beltrán y Galindo supieron rodearse de figuras eficaces y visionarias para hacer esa primera traza de la editorial. Nombres como los del filósofo Fernando Salmerón —recién regresado de Alemania y discípulo eminente de José Gaos—, los del historiador de la literatura y poeta él mismo José Pascual Buxó, los del historiador Xavier Talavera Alfaro, Ramón Rodríguez, Emilio Carballido, Othón Arroniz, Alfonso Medellín Zenil fueron convocados para formar el primer consejo editorial de la revista. Desde luego, una
casa está asentada en un barrio, en
una ciudad. La ciudad de los libros que se abría en la Xalapa, a la vera de la Universidad Veracruzana tenía ciertamente sus antecedentes históricos ilustres. Baste decir que uno de los periódicos de mayor tradición de México es El Dictamen de Veracruz, donde publicaría sus poemas y colaboraciones Salvador Díaz Mirón y donde llegaría a publicar a principios del siglo XX el recién desembarcado y precoz maestro Pedro Henríquez Ureña. Con el sello de la UV Salvador Novo publicaría una selección de sus mejores ensayos titulada Letras vencidas donde aparece el ensayo dedicado a la novela Astucia de Luis G. Inclán. Otro miembro de la generación de Contemporáneos que publicó con el sello de la UV en 1960 fue Jaime Torres Bodet con su libro de poemas Trébol de cuatro hojas, originalmente publicado en París en 1958. La UV publicó también las 87 cartas de amor y otros papeles de María Antonieta Rivas Mercado y el libro de Fabienne Bradu Los puentes de la traducción. Octavio Paz y la poesía francesa.

 
IV

Una ciudad editorial está rodeada de otras ciudades. La de la Editorial de la Universidad Veracruzana no podía ser la excepción. No insistiré en las evidencias de editoriales como el Fondo de Cultura Económica o la editorial de la Universidad misma. Me gustaría detenerme en algunas instancias no tan conocidas. Una de ellas es la colección Cvltvra, selección de buenos autores antiguos y modernos (1916-1923) fundada por Julio Torri y Rafael Loera y Chávez a principios de siglo que llegó a publicar 87 títulos y ha sido resucitada en forma de preciosa antología por Verónica Loera y Chávez, Freja Cervantes y Pedro Valero (Juan Pablos, Secretaría de Cultura, 2016, edición conmemorativa). Otra es más cercana en el tiempo a la fundación de la Editorial de la Universidad Veracruzana. Se trata de una instancia doble pero unida en sus dos mitades por el aire y las afinidades generacionales. Me refiero a la Revista Mexicana de Literatura (1955-1965) en sus tres épocas —la de Carlos Fuentes y Emmanuel Carballo; la de Tomás Segovia y Antonio Alatorre; y la de Juan García Ponce. La otra es la Revista de la Universidad de México dirigida en los años sesenta, que son los de Ignacio Chávez, por el poeta, diplomático y editor Jaime García Terrés.

Octavio Paz, José Revueltas, Álvaro Mutis, Tomás y Rafael Segovia, Jorge Ibargüengoitia, José de la Colina, José Gaos, Emilio Carballido, Jaime Sabines, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, Rosario Castellanos, Elena Garro, Luisa Josefina Hernández gracias a la cual llegó a Xalapa El rey Lear de William Shakespeare, Elena Poniatowska, Sergio Galindo, Sergio Pitol son algunos de los nombres que transitan entre las páginas de aquellas revistas y que florecen y se anclan entre las hojas impresas de la Editorial de la Universidad Veracruzana y de su revista La palabra y el hombre, de tan afortunado título y benéfica memoria.

V

María Zambrano, José Gaos, Rosa Chacel, Luis Cernuda, José Pascual Buxó, Manuel Durán, Rafael y Tomás Segovia, Ramón Xirau, César Rodríguez Chicharro son algunos de los nombres que en el catálogo inicial ilustraron la afinación de la editorial con el exilio y la República española. A esa afinación corresponde la que recoge los frutos del destierro hispanoamericano en México, encarnado en Luis Cardoza y Aragón, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, entre otros. Más destierros se ilustran en los nombres menos conocidos de, por ejemplo, Lini M. de Vries, la narradora norteamericana de origen holandés, traducida por Francisco González Aramburu. Esta mujer notable fue jefa del hospital americano en Madrid durante la Guerra Civil y al trasladarse a México como refugiada se instaló en Veracruz donde, en la Universidad de Xalapa, fue profesora de salud pública y fundó la escuela de enseñanza para extranjeros. Fue también miembro del Partido Comunista y del CIDOC fundado por Iván Illich.

El secreto de una editorial está en parte en asistirse de buenos traductores: por ejemplo, gracias a los oficios excelentes del citado González Aramburu se pudo dar la bienvenida en español al libro del novelista británico E. M. Forster titulado Aspectos de la novela. El libro fue publicado en español en 1961 aunque había sido originalmente editado en inglés en 1927, derivado de unas conferencias impartidas o dictadas por Forster en la Universidad de Cambridge. Este pequeño ejemplo puede dar cuenta de cómo la editorial de la Universidad Veracruzana buscaba poner a la hora actual los relojes mentales de la cultura municipal. Otro ejemplo de excelencia y oportunidad en la traducción es el de la Sonata del Claro de Luna del griego Yannis Ritsos, traducida por Selma Ancira. Otros hispanoamericanos pasajeros o residentes en Xalapa gracias a la actividad editorial de la Universidad son el uruguayo Jorge Rufinelli, quien armó una serie de cuadernos monográficos titulados Texto crítico, para abundar en las investigaciones literarias y críticas.
Uno de los títulos memorables es el dedicado a Augusto Monterroso cuyo nombre no podía faltar en el sello de la UV; el boliviano Renato Prado Oropeza quien gracias a la generosidad visionaria de la Universidad Veracruzana abrió las puertas al conocimiento y práctica de la semiología en México y a la lectura de autores como Algirdas J. Greimas y Roland Barthes. Hablando de Hispanoamérica cabe recordar que la UV publicó Tierra de nadie de Juan Carlos Onetti. Sergio Pitol no sólo es autor de la casa sino que influyó seguramente en la introducción de no pocos títulos provenientes del polaco como el libro Las botas de Ryszard Kapuscinsky; la obra originalmente publicada en polaco se titulaba La guerra del futbol pero los traductores Gustaw Kolinski y Mario Muñoz prefirieron este título menos llamativo. Además, gracias a Sergio Pitol se ha publicado una hermosa colección animada por él mismo. Muchos son los autores antiguos y modernos que se han traducido por el sello de esta casa, desde William Shakespeare hasta Dylan Thomas.

 
VI

En la Colección Águila o sol de la UV apareció en 1966 una significativa y muy legible antología de El cuento veracruzano, con introducción y notas del hispanista méxico-usamericano Luis Leal. En ella conviven Couto y Garizurieta, Melo y Salazar Mallén, Emilio Carballido, Jorge López Páez. Tiene la probidad de incluir además una bibliografía de autores no representados en sus 209 páginas donde se registran cuentos de Víctor Cuesta y Ulises Carrión.
 

VII

La filosofía en el catálogo de la Editorial de la Universidad Veracruzana no podía estar ausente. Publicaron ahí en esos años María Zambrano, José Gaos, Vladimir Yankelevich (sobre Henri Bergson), Luis Villoro, Rafael Segovia. Entre los ensayistas destacan Manuel Durán, Rosario Castellanos y Juan García Ponce. El catálogo de la editorial
de la UV es una muestra viva y práctica de
la convivencia de las humanidades, del pensamiento, la poesía, la historia, la filosofía y la crítica.

A lo largo de sus sesenta años la editorial de la UV ha tenido como directivos a Sergio Galindo (1957-1964), César Rodríguez Chicharro (1965-1966), Sergio Pitol (1967), Rosa María Phillips (1968), Carlos Juan Islas (1968), Luis Hernández Palacios (1971), Sergio Pitol (1972), Jaime Augusto Shelley (1974), Juan Vicente Melo (1977), Sergio Galindo (1979), Luis Arturo Ramos (1985), Raúl Hernández Viveros (1986), Luis Arturo Ramos (1988), José Luis Rivas (1992-2006), Celia del Palacio (2006), Agustín del Moral (2009-2013), Edgar García Valencia (2013).

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Me ha tocado ser testigo de las actividades de esta editorial gracias a la amistad con el poeta José Luis Rivas. Esta relación me ha permitido ser autor, consejero y editor encargado de algunas obras, como las antologías La geometría de las horas de Eugenio Montejo y Bajo el cielo, la edición de los poemas reunidos de la poeta colombiana Gloria Posada. Desde luego también he tenido amistad con Celia del Palacio, Agustín del Moral y Edgar García Valencia. Anclado en esta relación me he podido dar cuenta de la tensa, por no decir vertiginosa, actividad de esta casa editorial en sus años recientes. Por poner dos ejemplos:

La isla de Bali (2004) de Miguel Covarrubias, álbum fotográfico de Rosa Covarrubias y El ocaso de los poetas intelectuales y la generación del desencanto de Malva Flores. El libro del caricaturista y pintor veracruzano Miguel Covarrubias fue publicado originalmente en Estados Unidos en 1937 y da cuenta de la amplia mirada del etnógrafo que fue este artista del lápiz. El libro de Malva Flores, a su vez, es una guía segura para conocer los avatares de la poesía mexicana contemporánea. Ambas obras sugieren el ancho compás que abarcan las publicaciones de esta casa.

VIII

Vuelvo al principio: los libros y revistas que llevaban el sello de la Editorial de la Universidad Veracruzana representan a mis ojos como el cascarón de un huevo de cuya yema me siento parte; son como los muros y paredes de una casa o, más bien, de Un hogar sólido de la palabra para evocar el título de Elena Garro, del que siempre me he sentido, desde adentro e íntimamente, formar parte.

Nota
1 Prólogo a Magia de la risa: textos de Octavio Paz y Alfonso Medellín Zenil, fotografías de Francisco Beverido, colección de arte de la Universidad Veracruzana, México, 1962.

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