Siempre el mismo PRI

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El pasado sábado 4 de marzo, el PRI (Partido Revolucionario Institucional) estuvo de fiesta por el 88 aniversario de la fundación del partido. En ella asistió el presidente Enrique Peña Nieto, donde hizo entrega de reconocimientos a distintos miembros del partido.

Enrique Ochoa, presidente del partido, durante la ceremonia afirmó que el PRI cuenta con el mejor proyecto del país. Además, habló sobre las elecciones del 2017 diciendo que el PRI será el partido que obtendrá el Estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz. Donde faltan solo 92 días para la contienda electoral.

Todo esto me deja con la duda de que es lo que quiere probar el PRI. En el 2016, el partido perdió 4 gubernaturas, 54 diputaciones locales y 58 alcaldías. El partido refleja sólo una cosa inseguridad. En el año 1989, el PRI contendía todas las gubernaturas del país, al día de hoy sólo 15 estados de la República. Es evidente que el PRI no pasa por su mejor momento, aunque por otro lado esa no es la imagen que nos quieren dar en los medios de comunicación. El partido quiere seguir transmitiendo un conjunto de ideas no ficticias que suelen dar confianza a sus militantes. Al ver a México en términos políticos es cierto que el PRI controla poco menos del 50% de todos los territorios del país. Sin embargo, la estructura del partido se ha desplomado.

La sociedad se ha cambiado y ya no es la misma que hace 70 años, la celebración de un evento como los 88 años del PRI sólo ponen en prueba que ya es un completo fósil político. Los millennials cada día vemos al PRI más como un partido antiguo y totalitario, y la imposibilidad de sus dirigentes de quitarse esa imagen los ha llevado al fracaso en distintas entidades federativas. El problema no está en el partido sino en la mala adaptación que ha tenido a lo largo de los últimos 30 años.

El presidente Enrique Peña Nieto según un sondeo del periódico Reforma ha caído en encuestas de popularidad en diciembre pasado un 39%, y lo han puesto en la ceremonia como la personalidad distinguida del evento. El partido pide a gritos un cambio, una nueva reestructuración donde los electores logren verse identificados. La imagen que quiere transmitir Enrique Ochoa de un partido ganador es posible sólo si tiene de su lado a la juventud.

Finalmente, no estoy sugiriendo que el partido transmita inseguridad a sus militantes, pero sí que reflejen la realidad en la que se encuentran. La soberbia siempre lleva al fracaso y a una mala toma de decisiones. Por ello planteo que el partido debe reconocer sus errores y dejar de lado el pasado. Mientras antes lo haga será factible un proyecto de país más próspero.

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