“Son huellas de las balas, pero no claudicaré”

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Foto Tomadas de Contacto Ciudadano


raymundo.sanchez@razon.com.mx

A sus 33 años, María de los Santos Gorrostieta Salazar es dos personas en una. Su rostro es el de una bella joven profesionista que logró convertirse en la primera mujer en gobernar el municipio de Tiquicheo, Michoacán, entidad donde el grupo delictivo La Familia sentó sus reales.

Su otro perfil está en su cuerpo, un verdadero mapa de guerra de la lucha que desde principios del sexenio calderonista se libra en México contra la delincuencia organizada: al menos 16 cicatrices y la colostomía (intervención quirúrgica para evacuar) le recuerdan todos los días “el horror que he vivido”.

Víctima de dos atentados perpetrados por la delincuencia organizada, la mujer mostró ayer fotografías de su torso, herido por 12 balazos de los ataques que sufrió el 15 de octubre de 2009 y el 22 de enero de 2010.

“Es cierto que se me ha atacado física y moralmente; en mi cuerpo se palpan aún las heridas de las balas y del descrédito de algunos que dudan de mi cuerpo mutilado, lucho día a día para que de mi mente se borren las imágenes de horror que he vivido y que otros, sin merecerlo ni esperarlo, han padecido también; a ellos mi reconocimiento, respeto y cariño por la valentía con que afrontaron los hechos y por su apoyo incondicional a mi persona y mi obra”, expresa.

En el primer atentado su esposo, José Sánchez Chávez, murió. Fueron emboscados en la zona del poblado El Limón de Papatzindán, municipio de Tiquicheo. Un grupo de sicarios encapuchados los interceptó y les lanzó una granada. Luego baleó la camioneta Lobo en la que viajaban.

Tres meses después, el 22 de enero de 2010, la tragedia volvió a la vida de la alcaldesa Gorrostieta Salazar. Rumbo a Ciudad Altamirano, Guerrero, otra emboscada del crimen organizado la mandó al hospital con siete balas incrustadas en su cuerpo.

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“Los médicos que me atendieron me dicen: doctora, si cree en los milagros, usted es un milagro. Llegarnos con seis de hemoglobina; es para que usted hubiera entrado totalmente en shock hipoglucémico y tener como consecuencia un paro cardiorrespiratorio, por ello me dicen que salvar la vida es un milagro”, contaría seis días después en entrevista con medios locales.

Y ahora, al cumplirse un año de ese atentado, reflexiona: “en otra época de mi vida, tal vez hubiera renunciado a lo que tengo, a mi cargo, a mis responsabilidades como dirigente de mi Tiquicheo, pero ahora no. No es posible que yo claudique cuando tengo tres hijos, a los cuales tengo que educar con el ejemplo; además del recuerdo que poseo del hombre de mi vida, del padre de mis pequeños, aquel que supo enseñarme el valor de las cosas y a luchar por ellas y aunque ya no esté con nosotros”.

Y como dice: “me levantaré las veces que Dios me lo permita para continuar buscando, arañando, gestionando planes, proyectos y acciones en beneficio de toda la sociedad, pero más en particular de los desprotegidos”. La médico cirujano especialista en partos ahora está más aferrada a continuar con su trabajo al frente de la presidencia municipal, cargo que asumió como priista el 1 de enero de 2008 y que ahora mantiene ya como perredista.

“A pesar de mi propia seguridad y la de mi familia, se agolpa en mi cerebro la responsabilidad con mi gente, los niños, las mujeres, los ancianos y los hombres que se parten el alma todos los días sin descanso para procurar un pedazo de pan para sus hijos. Es un gran peso saber que dentro de mis responsabilidades como presidenta municipal está el acercar los beneficios, los programas y los apoyos que sé significarán grandes mejoras en la economía y en la calidad de vida de los tiquichenses”, comenta.

Narra que hubo quienes dudaron de sus heridas e incluso de los atentados en su contra. Por eso “quise mostrarles mi cuerpo herido, mutilado, vejado, porque no me avergüenzo de él, porque es el resultado de grandes desgracias que han marcado mi vida, la de mis hijos y mi familia”.

Al difundir estas imágenes, María Santos Gorrostieta sólo desea “comprensión, apoyo y consideración, pues, a pesar de mostrarme como alguien fuerte e inquebrantable, dentro de mí sigo siendo una mujer, frágil, soñadora, romántica, madre…”

Y en las fotos muestra a las dos personas que es: la joven de rostro anguloso, nariz fina y recta, ojos grandes delineados cuidadosamente por cosméticos, labios carnosos y cabello estilizado, sobre un torso con oquedades que delatan el impacto de balas y un vientre partido a la mitad por una cicatriz que le nace dos centímetros debajo de su ombligo y le llega a la boca del estómago.

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María Santos Gorrostieta

Médico cirujano.

Programadora de redes computacionales.

Diplomados en: cardiología, medicina estética, ginecología y obstetricia.

Cargos públicos:

Presidencia municipal de Tiquicheo desde el 1 de enero de 2008.

Delegada del municipio de Tiquicheo a la cuarta asamblea nacional extraordinaria y toma de protesta de Beatriz Paredes Rangel como presidenta del PRI.

Representante estatal como dirigente de la mujer en el municipio de Tiquicheo de Nicolás Romero en el comité estatal del PRI.

Los ataques

2009 15 de octubre. Sujetos armados balean la camioneta en la que viaja la presidenta municipal de Tiquicheo, quien resultó gravemente herida de varios impactos. Su marido, José Sánchez Chávez, murió en el lugar.

2010 22 de enero. En los límites con Guerrero, un comando ataca a balazos a la camioneta en que viajaba Santos. Ella, su hermano y dos funcionarios del ayuntamiento de Tiquicheo resultan lesionados.

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