La primera vez que me vi flotando sobre mi cuerpo inmóvil unido por el delicado cordón plateado sufrí un sobresalto que me arrastró de regreso y me encontré incorporado en la cama mientras me repetía que todo había sido un sueño y como lo que nos repetimos, generalmente tiene la particularidad de hacerse realidad, todo fue un sueño y así permaneció por años, olvidado en algún rincón de mis recuerdos de juventud.

La segunda vez que me pasó recordé todo y en esta ocasión, aunque creía aún estar soñando, era un sueño de una proyección astral, el mismo cordón de plata que unía mi alma con mi cuerpo físico y que según lo que había leído, podía estirarse hasta donde yo deseara pero debía cuidar que no se rompiera o quedaría varado en este extraño lugar en el que podía ver materializarse miedos ajenos o deseos ocultos, extraña dimensión soñada.

Desperté cansado, más de lo que nunca hubiera estado antes, mi cuerpo se sentía apaleado, no como si me hubiera pasado el tren sino como si hubiera construido la vía y luego, me hubiera pasado el tren. Quizá fue eso lo que metió la duda en mi cabeza, quizá no lo había soñado, quizá fue real pero, después de eso, en el transcurso del día, lo dejé de lado y volvió a ser un recuerdo más de un sueño.

Pasaron varios meses antes de que tuviera otro episodio y hasta que sucedió me di cuenta de que lo estaba esperando, que era la confirmación de que algo raro y no obstante genial, me sucedía. Recordaba el dolor físico de la mañana siguiente así que fui más cauto, tenía más energía mientras más cerca estuviera de mi cuerpo físico, como si fuera una enorme pila conectada a mi consciencia, había más luz en derredor de mi yo yaciente aunque la luz se movía conforme lo hacía mi proyección. No es que estuviera oscuro, era como una penumbra, similar al momento que se da justo al amanecer o justo cuando el sol se pone, sombras más oscuras se movían lentamente en un vasto océano surrealista para luego dispersarse en volutas de sueños.

Giraba siempre viendo de reojo mi cuerpo, por alguna razón sentía un poco de ansiedad, quizá era porque esta vez sabía que no estaba soñando, que era real aunque estuviera dentro de un mundo irreal.

Mientras flotaba, sentí un tirón, como si algo me atrajera, intenté resistirme pero era imposible, empecé a sentir angustia mientras me resistía pero no era mía, no la sentía mía, angustia que desapareció apenas dejé de resistirme y me dejé llevar, mi luz era más tenue conforme me alejaba pero mi cordón plateado brillaba con mayor intensidad como si fuera un halo protector.

Dejé de sentir la atracción en el momento en que vi una enorme y sinuosa sombra que se posaba sobre un pequeño destello, no me pregunten como lo supe, de hecho, era un enorme ignorante en todo lo que me rodeaba pero, ese pequeño destello lo sentía similar a mí, como si fuera una pequeña parte mía que no supiera que existía y esa sombra estaba absorbiéndola, apagándola y sentí terror antes de explotar en una furia incontrolable.

Exploté en un brillante despliegue luminoso que hizo retroceder la sombra, yo estaba titilando, casi como esos antiguos focos de filamento en los que el uso los hace fallar por la diferente corriente en el dañado hilo.

Tomé el destello con un amor que no sabía que anidaba en mí, sentía la necesidad de protegerlo, casi como si fuera un mandato. La pequeña luz tenía dos líneas plateadas, una conectada al infinito y una que danzaba libremente frente a mí, sin dudar tomé la que estaba libre y empezó a palpitar a mi ritmo, cada vez más brillante mientras yo me apagaba pero no importaba, un torrente de emociones corrían dentro de mí y sabía que algo me pasaba pero que lo que fuera, valdría la pena, una descarga vino de la otra línea y me aventó de regreso a mi cuerpo.

El dolor que sentía era inmenso, no tenía ni la fuerza para gritar, mucho menos para despertar a mi esposa que se movía inquieta en su lado de la cama, mi boca estaba seca, al punto de que mis labios se habían agrietado y la única humedad que sentían era la sangre, con un esfuerzo sobrehumano extendí mi brazo y alcancé a tocar a mis mujer, ella se levantó sobresaltada.

-Amor ¿Estás bien?-

No pude contestar, vio mis labios bañados en sangre y prendió la lampara, la luz clavó dolorosas agujas en mis ojos, los cerré y escuchaba a lo lejos que me llamaba preocupada, luego la escuché hablar con alguien más y no supe nada más.

Desperté en el hospital, era media mañana, el cuerpo aún me dolía pero no era ni cercano a lo que había sentido.

-¿Amor?- mi voz era un graznido, apenas audible pero fue suficiente para que María se levantara del incómodo sillón donde seguro había pasado la noche.

-¿Estas bien?-

Asentí.

-Me asustaste, llevas dos días dormido, los doctores me asediaban a preguntas pero no sabía que responderles, les dije que te habías ido a dormir como cada noche y que no, no tenía idea de porque las quemaduras de tus manos o porque estabas en estado de deshidratación. ¿Qué fue lo que te pasó?-

Pedí agua, no creía poder hablar tanto como para contarle lo que había experimentado pero después del primer trago todo fluyó. Al principìo pensé que no me creería pero nunca me esperé que se soltara en llanto. Le tomé de la mano y me sentí conmovido aunque extrañado.

-No llores, estoy bien.-

Me echó su mirada de “no entiendes nada” y de hecho no, no entendía nada. Besó mis labios aún resquebrajados, acarició mi cabeza y entonces le tocó su turno y mientras me contaba que el día del hecho, ella tuvo una pesadilla en la que cargaba a un niño y que un enorme perro se lo arrebataba de las manos y una jauría se acercaba corriendo para devorarlo mientras ella yacía bajo las inmensas patas de la bestia negra que sonreía casi con inteligencia, que sufrió un ataque de terror y que entonces aparecí yo, que grité y llamas salían de mis manos chamuscando a los animales que se acercaban y espantando a la bestia. Que aparecí para salvar a nuestro hijo.

-Fue un sueño amor, debe ser producto de la tensión de que no hemos podido concebir.-

Se rió. -Sí, eso pensé y luego te vi deshidratado con las manos quemadas. Ahí supe que era real.-

Tenía lógica, si creía en mi proyección astral, viaje al mundo onírico o como fuera, tenía lógica la angustia y el que sintiera un llamado y mis manos eran producto de eso.

-¿Entonces?- Pregunté con miedo a la respuesta.

-Sí. Estoy embarazada y lo supe cuando en mi miedo por ti me iban a administrar un calmante y no los dejé. No me preguntes la razón, simplemente no los dejé y cuando me preguntaron les dije que estaba embarazada. Créeme, eso fue todavía más extraño para los doctores pues aunque aceptaron mí palabra, cuando me revisaron para ver si no había afectado al bebé me dijeron que no estaba embarazada, que no había ningún síntoma. No obstante, me hicieron la prueba de sangre y sí, lo estoy aunque no sepan como carajo pude saberlo cuando tiene menos de un mes de gestación.-

Estaba callado, estaba en shock, estaba alucinado y luego, lloré como no lo hacía desde que era niño nada más que esta vez, fueron lágrimas de pura, absoluta, total felicidad… Sería papá.

Latest posts by Raúl Sales (see all)

Compartir