“Surge por un sistema disfuncional”: biógrafo de Elba

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Foto Especial


La muerte de su padre antes de que ella cumpliera dos años marcó la infancia y adolescencia de Elba Esther Gordillo, quien debió crecer con su abuelo, ganadero y cafetalero de Tuxtla Gutiérrez, quien obligaba a su madre a trabajar de sol a sol. Ella acepta que fue el primer cacique que conoció.

“El que vista lo más caro posible, que sea ostentosa, que no soporte pasar desapercibida ha sido, quizás su peor error. Pero tiene una explicación: es respuesta a sus enormes carencias, a su infancia y adolescencias terribles, al craso error de su primer matrimonio”, explica Ricardo Raphael de la Madrid, el biógrafo de la líder del SNTE.

“Es un personaje que se vuelve siniestro a fuerza de poder, porque no huele el perfume, se lo bebe; por tanto, se envenena”, dice figurativamente el doctor en economía política en entrevista con La Razón.

A Gordillo Morales se le tacha de cualquier cosa, se denosta el poder fáctico que detenta; se le acusa de hacer tratos al mejor postor con las fuerzas políticas; se tienen elementos para asegurar que controla un millón de plazas de profesores, una movilidad social sin precedente, “pero antes que todo eso, debe reconocerse que posee una enorme inteligencia perversa nata que encaja perfecto en un sistema político disfuncional como el de México”.

El mayor crítico de la líder del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación, Raphael de la Madrid, distingue como una reivindicación el hecho de que Gordillo se esfuerce por sobresalir, por no pasar desapercibida.

Los inicios. Entender cómo ha podido adaptarse a los nuevos tiempos de la escena política nacional requiere repasar su biografía. Es la mayor de dos hijas de un policía de crucero y una profesora normalista. Elba Esther Gordillo Morales vio la luz en Comitán, Chiapas, hace 66 años. Antes de cumplir dos sufre la orfandad del padre, quien murió de un mal cardiaco, y su madre emigró a Tuxtla Gutiérrez, donde consiguió empleo en una primaria.

A los 13 años de edad dio su primer golpe de poder: acorraló a su madre, la obligó a dejar para siempre la casa del abuelo que las explotaba y se convirtió en la jefa de la familia. Años después estudiaba en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y trabajaba como alfabetizadora rural.

Sus compañeros de labores le parecían sabios en asuntos políticos. Se sintió especialmente atraída por un michoacano, Arturo Montelongo: “No era macho y me alentó mucho. Lo admiraba y me enamoré locamente de él. Nos casamos (yo tenía 17 años) y nos fuimos a vivir al DF”, ha declarado ella misma.

Tres años después, cuando Gordillo obtiene la plaza de maestra de primaria, nace su primera hija, Maricruz. Poco después el marido enferma de un mal renal, Elba le donó un riñón y murió en cuestión de semanas.
El golpe emocional la obligó a concentrarse en el debate político con los maestros rurales. Se metió en círculos trotskistas y escaló posiciones en la sección sindical número 36, que agrupaba a los maestros del Valle de México.

“Fue la época donde ella comenzó a gestar su gran carrera, dio la vuelta a líderes magisteriales que tenían por esquema de trabajo otorgar las ventajas políticas de un contingente numerario y combativo, a cambio de un nivel de impunidad inconmensurable”, señala Ricardo Raphael, autor del libro Los socios de Elba Esther.

En 1973, con 28 años en la cuenta, vuelve a casarse y engendra a su hija Mónica. En el plano político, Gordillo escalaba posiciones, eran tiempos del entonces presidente Luis Echeverría, quien entregó el SNTE al potosino Carlos Jonguitud Barrios, a cuya sombra la chiapaneca tejió una extensa red de influencias.

Cuatro años en ese rumbo, Jonguitud la impuso como secretaria general de la sección del Valle de México, cuyos miembros se amotinaron repetidamente entre 1980 y 1983. Gordillo reprimió eficazmente las protestas que provocaron la muerte de Misael Núñez Acosta.

Gordillo fue nombrada secretaria de Finanzas del SNTE en 1983 y dos años después diputada federal. En 1986 el PRI le ordenó poner a los maestros de Chihuahua a acarrear votos para el candidato priista, Fernando Baeza Meléndez, quien se impuso en la elección estatal más complicada que había enfrentado dicho partido hasta ese momento.

En recompensa, recibió la Secretaría de Organización del partido, cargo ideal para relacionarse adecuadamente con miras al próximo sexenio. En 1988, cuando descubrió que Jonguitud fomentaba la disidencia antigordillista en la sección del Valle de México, la mujer empezó a comprender que el caudillo jamás cumpliría su promesa de ponerla al frente del sindicato.

La alumna supera al maestro. En 1989 el potosino confinó a la maestra, quien gozaba de los reflectores como nadie, a una oficina sin influencia. La hora del desquite le llegó cuando Jonguitud se opuso a los planes del gobierno de entregar a los estados los servicios educativos, una iniciativa que amenazaba con pulverizar el sindicato.

En marzo de 1989 miles de maestros se declararon en paro y sólo volvieron a las aulas cuando Gordillo fue nombrada secretaría general. La profesora, menos dispar que Jonguitud, logró conservar para la dirigencia nacional del sindicato la facultad de negociar los incrementos salariales, dejando a cada sección el engorroso forcejeo de gestionar prestaciones adicionales ante el respectivo gobierno estatal.

Consiguió también que las cuotas de los afiliados (más de un millón de trabajadores) fueran administradas por el comité nacional del sindicato.

“En principio resulta injusto, para con la inteligencia propia, colocar como razón del fracaso educativo a una sola persona. Sin embargo, fue este personaje público quien obtuvo para sí un asiento privilegiado dentro del argumento de la catástrofe y tiene bajo su control las plazas, el movimiento electoral y los medios”, refiere Ricardo Raphael.

Redondea entonces “por obra de su protagonismo y también por el trágico estado que guarda la educación, catástrofe educativa y Elba Esther Gordillo se han vuelto argumentos siameses. A estas alturas, la posibilidad de que esta líder política logre remontar tan adversa mirada social es prácticamente ninguna”.


Ricardo Raphael

Biógrafo

de Gordillo

“Por obra de su protagonismo y también por el trágico estado que guarda la educación, catástrofe educativa y Elba Esther Gordillo se han vuelto argumentos siameses. A estas alturas, la posibilidad de que esta líder política logre remontar tan adversa mirada social es prácticamente ninguna”

“Es un personaje que se vuelve siniestro a fuerza de poder, porque no huele el perfume, se lo bebe; por tanto, se envenena”