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Foto: Especial

En una entrada de su blog, el difunto Gustavo Escanlar escribió lo siguiente:

Quiso venirse a vivir al Uruguay, a Rocha, con su gente linda y sus playas de arenas cálidas y aguas límpidas y azules. Quiso quedarse a vivir en La Paloma. Quiso desintoxicarse del stress y de la contaminación mental de Buenos Aires. Quiso vivir en paz, en armonía con la naturaleza, con esa gente linda y tan sencilla de la tierra charrúa. Quiso vivir seguro, y para estar seguro, ya se sabe, como Uruguay no hay. Quiso estar cerca de Maitena, que hace unos años se instaló en La Pedrera. Se lo dijo a la prensa: quiero quedarme acá, acá me siento bien, acá me inspiro para componer mejor. Pasó un día. Pasaron dos. Y tres. Miró los atardeceres y tuvo ganas de aplaudir. Y aplaudió. En su nuevo universo ya no tenía necesidad de reprimir ningún deseo. Aplaudió sin vergüenza, sin miedos, al sol que se escondía de a poco para él. Reflexionó: ver esto vale más que cualquiera de mis pobres canciones. Dijo en voz alta, casi gritando: ¡Esto es arte, carajo! Cuando llegó a su rancho, a su hogar natural y naturista, se sorprendió: alguien se había llevado todo lo que tenía. Amigos de lo ajeno lo habían visitado mientras él se extasiaba con la puesta de sol. Y pensó: estos uruguayos… son todos unos ladrones… del primero al último. Hizo la denuncia en la comisaría. Los policías lo reconocieron. Era el pelado, el de Bersuit.

Fue en lo primero que pensé cuando terminé La Uruguaya de Pedro Mairal. Sobre esta visión romántica en un principio y después descorazonadora de Uruguay se edifica esta novela. Un escritor argentino, para evadir los altos impuestos que le cobra su patria, viaja al país vecino para cobrar 15 mil dólares de adelanto por un par de libros. Su plan consiste en pasar menos de doce horas en Montevideo. Además de retirar la plata en el banco, se cita con una mujer con la que había tenido un romance fugaz en una visita anterior. ¿Qué podría pasar mal?

 

Mairal Revela todos sus trucos, muestra todas sus cartas, y sin embargo continúas hasta el final porque te mantiene hipnotizado.

 

Montevideo es un Buenos Aires antiguo, razona el protagonista. Pero ese sentimiento de nostalgia y cariño se va transformando a medida, como al Pelado Cordera, cuando al personaje principal Uruguay le administra una lección. Esta relación idealista y problemática es la base de esta trama. Pero esto es más que una historia de una traición. Conforme el romance entre la pareja se desgrana, observamos la crueldad de los tiempos que corren. Desde fuera Uruguay es el paraíso donde se legalizó la mariguana, pero desde dentro se ve la dureza de este territorio.

Contada como una larguísima carta o un e-mail, no se especifica, el escritor ya separado le confiesa a su esposa cómo La Uruguaya, aliada con el novio, le roba los dólares.

Lo segundo en lo que pensé fue en Trainspotting 2. El argumento es casi el mismo. Un par de amigos son traicionados por una prostituta que les birla el dinero. Pero fuera de este pequeño pecado, la novela de Mairal es perfecta. Hay dentro de sus páginas un tono demoledor. Durante las primeras páginas uno avanza a tientas, no se sabe bien por qué clase de terreno, pero una vez que llegas al final del primer capítulo caes en la trampa de Mairal y ya no puedes escapar hasta terminar el libro. Y aunque la novela es demasiado cristalina en su sencillez, Mairal corre todos los riesgos del mundo y de todos sale bien librado. Revela todos sus trucos, muestra todas sus cartas, y sin embargo continúas hasta el final porque te mantiene hipnotizado por el tono. La estructura no tiene una sola fisura, no le sobra ni le falta una palabra, un acto, un hecho, pero es la voz de Mairal la que no puedes dejar de escuchar, la que te mantiene aferrado a la novela.

Lo tercero en lo que pensé fue en Wonder Boys de Michael Chabon. Ignoro si Mairal ha leído este libro. Pero tiene muchas coincidencias con el suyo. Es la historia de un escritor que navega con una novela que no puede concluir, la cual al final pierde y entonces comienza a contar otra sobre cómo extravió la anterior. Que es lo que ocurre en La Uruguaya, el personaje narra el robo y su vida posterior. Algunas partes recuerdan a La vaga ambición de Antonio Ortuño, en cuanto a cómo se ve el escritor a sí mismo. En este plano Mairal y Ortuño están conectados. Las observaciones sobre el oficio de la literatura están aquí enunciadas no sin cierto patetismo pero sin llegar a la sensiblería. Es verse al espejo y aceptar lo que el reflejo te devuelve sin gimoteos.

La Uruguaya es literatura de la mejor. Un libro inolvidable.

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